La incertidumbre, la volatilidad y los posibles cambios de tendencia forman parte del día a día de los mercados. Los resultados de las elecciones de mitad de mandato (midterms) en Estados Unidos añaden un nuevo elemento a la ecuación. Para seguir estas señales, conviene observar determinados indicadores que, sin ser decisivos a la hora de tomar decisiones de inversión, aportan información relevante. Uno de ellos es el VIX, también conocido como el índice del miedo. Lo aborda Rafael Rubio en el número 25 de Asesores Financieros EFPA.
Hay épocas en las que nadie parece acordarse del índice VIX (Cboe Volatility Index). Sin embargo, en otros momentos es frecuente que analistas y gestores mencionen este indicador, también conocido como índice del miedo. Realmente, el VIX mide la volatilidad esperada del mercado estadounidense a 30 días. Este índice no mide el miedo, sino el precio que los inversores están dispuestos a pagar para protegerse frente a posibles movimientos futuros del mercado.
VIX, qué es y qué no es
Si los gestores consideran que existe un escenario de riesgo en los mercados, estarán dispuestos a pagar más por esa protección. Un VIX de 30 significaría que se está valorando una desviación anualizada del 30% para el S&P 500. Ello no significa necesariamente que se espere una caída del 30%.
Lo ideal es contemplar al mismo tiempo la evolución del S&P 500 y del VIX. Es tranquilizador observar una subida del S&P 500 acompañada de una bajada del VIX. Sin embargo, una subida simultánea de ambos índices debe alertarnos, aunque no preocuparnos en exceso, sobre un aumento de la incertidumbre. Normalmente, cuando se produce un periodo de crisis bursátil, el S&P 500 baja y el VIX sube, al señalar que los inversores anticipan mayores movimientos y una mayor incertidumbre.
El indicador se obtiene a partir de las opciones del S&P 500, no de las cotizaciones de las acciones que forman parte de este índice, lo que supone que el cálculo se realiza sobre el mercado de opciones y no sobre el mercado spot o mercado al contado.
¿Por qué sobre el mercado de opciones?
Thomas Planell, gestor de Lazard Frères Gestion, tiene la respuesta: “El riesgo es la incertidumbre en torno al resultado futuro de una decisión o de una inversión. ¿Voy a perder 100, 200 o 300 en esta inversión o voy a ganar 100, 200 o 300? Esa dispersión de resultados es lo que llamamos volatilidad. Puede medirse a posteriori, con datos históricos, que constituyen las estadísticas de riesgo pasadas. También puede estimarse la volatilidad que el mercado anticipa para el futuro, ya sea a un día, a un mes o a un año. Para ello hay que mirar al mercado de opciones”.
Y, para una mejor comprensión no solo del VIX, sino también del funcionamiento de los mercados de opciones y futuros, concluye: “Cuando se compra una opción sobre el S&P 500, el importe que se paga al vendedor incluye el coste de la volatilidad futura, la llamada volatilidad implícita. Funciona como una prima de seguro. Cuanto mayor es la incertidumbre, más sube el precio del seguro”.
Se trata de un índice creado en 1993 por Cboe (Chicago Board Options Exchange) que refleja la volatilidad esperada del S&P 500 para los próximos 30 días. Diez años después de su creación, y en colaboración con Goldman Sachs, se llevó a cabo un cambio importante en la metodología y pasó a basarse en las opciones del S&P 500. Está calculado y administrado por Cboe Global Indices LLC.
Lectura actual del índice
¿Qué nos está diciendo actualmente el VIX sobre las expectativas de los inversores y el nivel de incertidumbre del mercado? Mikel Ochagavia, director de inversiones de Acacia Inversión, señala que “la lectura superficial sería pensar que nos encontramos ante un mercado complaciente. Sin embargo, creemos que sería un error concluir que los inversores no perciben riesgos. Existen focos importantes de incertidumbre: unos tipos de interés todavía elevados, tensiones geopolíticas y energéticas, dudas sobre la inflación y unas valoraciones exigentes en determinadas áreas del mercado. De hecho, recientemente hemos visto fuertes movimientos en las curvas de tipos y en el petróleo sin que el VIX haya alcanzado niveles especialmente elevados”.
Aníbal San Miguel, gestor del fondo Tesys Value, afirma que “durante el último mes, agosto, el VIX se mantuvo por debajo de los 18 puntos, reflejando un nivel contenido de volatilidad implícita y cierta complacencia. Por nuestra parte, tenemos claro que formarse una opinión sobre si el mercado está valorando correctamente el riesgo sistemático es muy complicado. Para nosotros, es mucho más sencillo, aunque no necesariamente fácil, analizar empresa por empresa y evaluar si el precio al que cotizan es razonable de acuerdo con la calidad del negocio, actuando con convicción cuando existen discrepancias”.
Los conceptos de complacencia, volatilidad y riesgo forman parte del análisis de este índice. Carlos González, director de Relaciones con Inversores de Cobas AM, opina que, ante unos niveles bajos del VIX, “puede existir cierto grado de complacencia. Pero tampoco debemos olvidar que los mercados pueden convivir durante bastante tiempo con riesgos conocidos. Lo verdaderamente importante no es que existan incertidumbres, sino que se produzcan acontecimientos que obliguen a los inversores a revisar de forma significativa sus expectativas”.
VIX, y los riesgos para vigilar
La historia (véase el apoyo en el número 25 de Asesores Financieros EFPA) nos muestra que el VIX puede registrar cambios muy significativos en periodos muy cortos. A la hora de vigilar aquellos factores que pueden afectar al índice, Mikel Ochagavia señala cuatro áreas: “La primera es la inflación y los tipos de interés, porque un nuevo aumento de las expectativas de inflación puede afectar rápidamente a las valoraciones de los activos de riesgo. La segunda es la geopolítica, especialmente cuando tiene implicaciones sobre la energía, el comercio internacional o las cadenas de suministro. La tercera es el crecimiento económico y el crédito. Finalmente, están las valoraciones y la concentración. Cuando existe una elevada concentración de los índices en determinados sectores, como hemos podido ver en el caso de los semiconductores, una revisión de expectativas puede transmitirse con mucha rapidez al conjunto del mercado”.
Aníbal San Miguel opina que “como demuestra la historia, cualquier factor macroeconómico puede provocar repuntes en el índice: la crisis de deuda de EE. UU. en 2011, los tipos de interés en 2022, la política comercial en 2025 o la guerra de Irán en marzo de este mismo año. Pese a todo ello, el mismo índice bursátil sobre el que existen dudas a corto plazo ha obtenido una rentabilidad anualizada de doble dígito en los últimos veinte años. Nosotros tratamos de aislarnos del ruido del mercado siguiendo un proceso muy meditado: invertir en aquellas oportunidades con mayor potencial de revalorización”.
El factor inflación
A Carlos González le preocupa especialmente “una inflación más persistente de lo esperado que obligase a mantener los tipos elevados durante más tiempo; un deterioro significativo del crecimiento o de los beneficios empresariales; o una escalada geopolítica con consecuencias sobre la energía y las cadenas de suministro. Las valoraciones también son relevantes. Cuando las expectativas sobre determinados activos son muy elevadas, cualquier decepción puede generar movimientos importantes”.
Thomas Planell afirma que no hay que perder de vista lo que ocurra en Estados Unidos: “Si el motor económico estadounidense, hoy muy condicionado por el ciclo de la IA, empezara a griparse, la incertidumbre y, con ella, el VIX abandonarían el régimen de calma para entrar en uno normal o incluso elevado. Podría ocurrir por tres vías: que se pusiera en duda la rentabilidad de las inversiones en el sector; que el consumo retrocediera ante un repunte del desempleo ligado a la propia adopción de la IA; o que la crisis energética resultara menos pasajera de lo previsto”.




























