Todo poder conlleva una gran responsabilidad y, en este caso, ha supuesto “un enorme reconocimiento”. Hablamos de ser director comercial de Banco Mediolanum tras haber cogido el relevo de Salvo La Porta. Hablamos de Juan Massana. Fue hace un año y hoy hace balance de una etapa tan intensa como positiva. Es una de las ‘brújulas’ que destacamos en el número 24 de Asesores Financieros EFPA, ya disponible para todos los asociados EFPA.
¿Qué ha sido lo más desafiante al asumir el relevo de una figura como Salvo La Porta, con 17 años en el puesto?
El gran reto ha sido tomar el relevo respetando la esencia que nos dejó Salvo, pero al mismo tiempo aportando mi propio estilo, adaptando procesos y estructuras a una nueva etapa. Gestionar ese cambio sin perder el ritmo de crecimiento no ha sido sencillo. Pero también creo que en Banco Mediolanum tenemos algo muy especial: una cultura muy sólida y una visión compartida. Eso hace que las transiciones no se vivan como una ruptura, sino como una continuidad natural del proyecto.
¿Qué aprendizajes clave se lleva de estos primeros doce meses, Juan?
Uno de los grandes aprendizajes ha sido reforzar todavía más la importancia de las personas y del trabajo en equipo. Durante toda mi trayectoria he estado siempre vinculado a la red comercial y al día a día de los Family Bankers. Este año me ha permitido conocer más de cerca, de primera mano, la realidad de la sede y de todos los equipos que trabajan entre bambalinas. He confirmado, aún más si cabe, el enorme valor que tiene toda la labor que se desarrolla en los servicios centrales. El apoyo que dan a nuestros asesores para que puedan centrarse en acompañar a los clientes. A veces, solo se ve la parte final del servicio, pero detrás hay muchísimas personas trabajando para que todo funcione a la perfección.
¿Cómo ha evolucionado tu visión del negocio desde que asumiste la dirección comercial?
Ahora tengo una visión mucho más amplia y estratégica, más orientada al largo plazo. Cuando estás muy cerca de la actividad comercial diaria, inevitablemente trabajas mucho sobre el corto y medio plazo: retos de la gestión diaria, crecimiento, novedades, nuevos desafíos… Hoy sigo teniendo esa visión, pero además pienso mucho más en dónde queremos estar dentro de cinco o diez años.
¿Cuál ha sido tu mayor sorpresa -positiva o negativa- en este primer año, Juan?
La mayor sorpresa, y además muy positiva, ha sido el apoyo que he recibido. Desde el primer día he sentido una enorme predisposición por parte de todos a ayudar, aportar y construir conjuntamente esta nueva etapa. Eso habla muy bien de la cultura de Banco Mediolanum. Aquí existe un sentimiento de pertenencia muy fuerte y una forma de trabajar basada en la colaboración y la cercanía.
Si pudieras darte un consejo a ti mismo hace un año, ¿cuál sería?
Probablemente, me diría que confiara todavía más en el sentido común y en la intuición que he construido después de casi veinte años como asesor financiero. La experiencia acumulada tiene un enorme valor. Pero, sobre todo, me recordaría algo que siempre he defendido: que la clave de todo son las personas. Las relaciones.





























