Cuando hablamos de mercados emergentes, muchas veces pensamos en economías en desarrollo o en mercados muy inmaduros. Pero la realidad actual es muy distinta a la de hace veinte o treinta años. La evolución de las infraestructuras chinas son un buen ejemplo. No fue hasta 2008, con motivo de los Juegos Olímpicos de China en Beijing, cuando el país inauguró su primera línea de alta velocidad. Lo explicó en el pasado webinar organizado por EFPA España, Gonzalo Ramón-Borja, director general de Swisscanto Asset Management en España.
Casi dos décadas después, China cuenta con más de 50.000 kilómetros de una red ferroviaria de alta velocidad que es capaz de movilizar a cientos de millones de personas. Una transformación que no habla únicamente de infraestructuras, sino que también refleja la transformación económica, tecnológica y financiera mucho más profunda que han experimentado muchas economías emergentes en un periodo extraordinariamente corto de tiempo.
Una evolución que nos lleva desde hace tiempo a plantearnos una cuestión de fondo: si el concepto tradicional de “mercado emergente” ha empezado a quedarse obsoleto. Porque, aunque durante años los emergentes se han analizado como una simple región dentro de las carteras globales, bajo nuestro punto de vista, la realidad es que hoy se comportan cada vez más como una clase de activo con dinámicas propias. Una reflexión que, hace unos años, podía parecer minoritaria, pero que está ganando cada vez más peso en el debate inversor.
Emergentes, el rating medio en aumento
Al igual que el cambio estructural de China, esta evolución se ha trasladado a otros países como Emiratos Árabes Unidos o India, cuyo crecimiento durante las últimas décadas ha sido exponencial, transformando estas economías en muy poco tiempo. Prueba de ello es que el rating medio de los mercados emergentes ha ido aumentando en los últimos años, mientras que, por el contrario, el de los países desarrollados ha ido disminuyendo.
Uno de los factores que explica el renovado interés en los mercados emergentes es el actual contexto macroeconómico. Muchos bancos centrales de estas regiones reaccionaron de forma proactiva y contundente ante los últimos episodios inflacionarios. Gracias a ello, numerosas economías emergentes mantienen hoy niveles de inflación más controlados y tipos de interés reales comparativamente más altos que los de muchos mercados desarrollados. Países como Brasil, México o Indonesia ofrecen actualmente rendimientos reales superiores a los de economías como Estados Unidos, Alemania, Suiza o Japón. Esta situación puede reforzar el atractivo de la deuda de mercados emergentes y favorecer su incorporación a las carteras globales.
Emergentes, cada vez menos dependientes del dólar
Además, existe otro elemento especialmente relevante: muchos mercados emergentes han ido reduciendo progresivamente su dependencia del dólar. Cada vez emiten más deuda en moneda local, apoyados en el desarrollo de una demanda interna más sólida y profunda. Esta tendencia no solo fortalece la estabilidad financiera de estas economías, sino que también puede ampliar las oportunidades de inversión y diversificación para los inversores internacionales.
Asimismo, otro de los grandes cambios que observamos es que los mercados emergentes ya no son únicamente una fuente de producción, sino también de innovación. La cadena global de valor tecnológica depende hoy en gran medida de compañías y capacidades industriales ubicadas en Asia emergente. Estas empresas fabrican una parte muy significativa de los chips y semiconductores que impulsan el actual auge de la inteligencia artificial. Compañías como TSMC, Samsung, Alibaba o BYD reflejan hasta qué punto una parte creciente de la innovación global surge también en los mercados emergentes. Y, lo más relevante, es que muchas de estas empresas compiten de tú a tú con los gigantes tecnológicos de los mercados desarrollados y desempeñan un papel clave en segmentos estratégicos.
Si bien estamos detectando un renovado interés por parte de los inversores en estas economías, pese a representar casi el 60% del PIB Mundial ajustado a precio, el peso de los países considerados emergentes en la asignación de activos continúa siendo limitado y condicionado por una visión excesivamente ligada al riesgo o a la volatilidad. Muchos inversores están convencidos de que están expuestos a mercados emergentes simplemente por invertir en índices globales.
Más concentración de lo aparente
Pero si se analiza la composición de estos bechmarks en detalle, observamos cómo gran parte de esa exposición acaba concentrándose en unos pocos países, especialmente en China, lo que, bajo nuestro punto de vista, dista mucho de representar la diversidad real de esta clase de activo, cada vez más concentrado en unos pocos nombres, patrones similares a lo que ha ido ocurriendo en los últimos años en mercados desarrollados.
Un ejemplo de ello es el propio Morgan Stanley Capital International All Country World Index (MSCI ACWI), uno de los principales índices bursátiles globales utilizados como referencia por inversores y gestoras de fondos para medir la evolución de la renta variable mundial, y que agrupa miles de empresas de gran y mediana capitalización de más de 40 países, tanto de países desarrollados como considerados emergentes. Este índice refleja que, pese a que los mercados emergentes representan una parte muy relevante del crecimiento económico global, su peso dentro de los índices internacionales continúa siendo reducido. En renta variable, actualmente representan apenas un 11% frente a cerca del 90% correspondiente a mercados desarrollados.
Ocurre algo similar en renta fija. Muchos inversores consideran que están ampliamente diversificados al invertir en índices globales aggregate, pero esto no implica necesariamente tener exposición a emergentes. De hecho, la mayoría de estas carteras sigue teniendo una exposición prácticamente residual a estas economías. Además, los flujos de capital sugieren que no estamos ante un crowded trade en deuda emergente: consideramos que las valoraciones siguen siendo atractivas, y el posicionamiento inversor dista de ser generalizado.
Emergentes y diversos
Aunque en los últimos meses se han registrado entradas de capital en deuda emergente, estas continúan siendo modestas en comparación con las fuertes salidas sufridas anteriormente. En nuestra opinión, la asignación a emergentes sigue estando lejos de reflejar el peso real que estas economías tienen en el crecimiento global.
No debemos caer en el error de analizar los mercados emergentes como si se tratara de una única economía homogénea. Precisamente una de las principales características de esta clase de activo es su heterogeneidad. Cada país responde a dinámicas económicas, políticas y monetarias distintas, y es ahí donde la gestión activa adquiere un papel clave. Este tipo de carteras debe construirse país a país, mercado a mercado. Creemos que no tiene sentido mantener una asignación estática entre local currency y hard currency, porque el atractivo relativo de cada segmento cambia constantemente en función del ciclo económico, la política monetaria o la evolución de las divisas.
“Sell when you can, not when you want”
La clave reside en saber identificar dónde posicionarse y encontrar oportunidades en cada momento. Cuando gestionaba este tipo de estrategias durante mi etapa de más de 25 años como gestor de carteras, siempre le decía a mi equipo una frase que resume bastante bien esta filosofía: “Sell when you can, not when you want”. En mercados emergentes, la liquidez y el timing importan tanto como el análisis fundamental. Sin embargo, invertir en este tipo de activos responde más al concepto de “time in the market, not timing the market”: la clave está en mantener la exposición a largo plazo, ya que suele ser más conveniente que intentar anticipar el momento perfecto de entrada o salida.
Los mercados emergentes han cambiado mucho más rápido que la percepción de muchos inversores. Y quizá uno de los principales desafíos no sea el nivel de riesgo que los inversores asumen en estos, sino la tendencia a analizarlos a través de una perspectiva anclada en el pasado.




























