EFPA España y DNB Asset Management han firmado un acuerdo de colaboración con el objetivo de impulsar la formación continua de los asesores y fomentar una mayor educación financiera que permita derribar la barrera cultural que separa el ahorro de la inversión productiva. Hablamos con Lorenzo González Menéndez, responsable de Europa del Sur de DNB AM, sobre los desafíos que marcarán el futuro del asesoramiento y las claves para construir una sociedad más preparada para invertir con criterio.
¿Cuáles son los principales desafíos que afronta actualmente la industria del asesoramiento financiero?
Desde mi punto de vista, uno de los principales desafíos es que el asesoramiento financiero tiene que desenvolverse en un entorno cada vez más complejo, pero al mismo tiempo ser capaz de hacerlo sencillo para el cliente. Hoy tenemos mucha más información, más productos, más regulación y también más ruido. Además, vivimos en un contexto en el que la tecnología y la inteligencia artificial están transformando rápidamente la manera en la que accedemos a la información y tomamos decisiones.
Para mí, esto hace que el papel del asesor sea incluso más importante. Su verdadero valor no está únicamente en seleccionar un producto, sino en ayudar al cliente a entender qué necesita, construir una estrategia adecuada y, sobre todo, mantenerla a lo largo del tiempo.
Desde DNB, ¿cómo consideras que impactarán estos desafíos en las decisiones de ahorro e inversión de los clientes durante los próximos años?
Creo que vamos a ver dos tendencias que pueden parecer contradictorias. Por un lado, los clientes van a tener cada vez más autonomía y acceso a información y herramientas de inversión. Pero, por otro, precisamente por esa abundancia de información, necesitarán más ayuda para interpretarla correctamente. Además, creo que los próximos años van a exigir ser cada vez más conscientes de la importancia del largo plazo.
Cuando hablamos de ahorro e inversión no deberíamos pensar únicamente en qué va a hacer el mercado el próximo trimestre, sino en objetivos que pueden estar a varios años vista. Y ahí el asesoramiento tiene un papel fundamental: transformar objetivos personales en decisiones de inversión y evitar que el ruido o las emociones de corto plazo condicionen esas decisiones.
De una cultura del ahorro hacia una mayor cultura de inversión. ¿Qué barreras dificultan esta transición y cómo pueden contribuir los asesores?
Para mí, una de las principales barreras es cultural. Tradicionalmente, especialmente en países como España, hemos asociado mucho la seguridad con tener el dinero disponible o ahorrar, mientras que la inversión se ha percibido en ocasiones como algo complejo o reservado para personas con mayores patrimonios o conocimientos financieros. Creo que el primer paso es explicar que ahorrar e invertir no son conceptos opuestos, sino complementarios.
Necesitamos ahorro para cubrir necesidades de corto plazo e imprevistos, pero cuando hablamos de objetivos de muchos años, es necesario que sepamos transmitir que mantener todo el patrimonio en liquidez también implica asumir riesgos, entre ellos la pérdida de poder adquisitivo. Y aquí considero que el asesor financiero tiene una enorme responsabilidad, pero también una gran oportunidad, cuando consigue que el diálogo pase de únicamente productos a hablar mucho más de objetivos, horizonte temporal y riesgo.
Cuando una persona entiende para qué está invirtiendo y cuál es su horizonte, resulta mucho más fácil aceptar que durante el camino habrá volatilidad.



























