El fútbol, como la sociedad, no es ajeno a los cambios. El impacto de la globalización también ha hecho mella en el deporte más popular del mundo. Detrás de los colores, también hay uno que los une a todos: el color del dinero. Los inversores empiezan a fijarse en él. Lo cuentan en el número 24, Carlos Martín Rio y Roger Xuriach, de la revista Panenka.
Los clubes que conocemos no tienen nada que ver con los del siglo pasado. Han mutado de piel, su mercado se ha expandido y compiten fuera de los terrenos de juego como marcas de alcance planetario. Entidades deportivas, que hace 40 años estaban dirigidas por empresarios locales o políticos astutos, son hoy jugosos caramelos para inversores de todo tipo: magnates, jeques, millonarios, fondos de inversión, multinacionales, exjugadores… El negocio del fútbol es cada vez más atractivo, y eso está modificando no solo el panorama futbolístico, sino también las propias reglas del juego.
El tablero balompédico mide hoy la grandeza de las piezas según su músculo financiero (no en vano, el Mundial 2026, con España como flamante campeona, ha contado por vez primera con 48 participantes y también según la FIFA, se habrá convertido en el evento deportivo más lucrativo de la historia). Y aunque no siempre gana el que más tiene (en este campeonato, sí el que más lo merece), cada vez hay más millones en liza con el objetivo (y en ocasiones, la obsesión) de ganar. Con la tradición y el prestigio ya no es suficiente. Ahora se necesitan inyecciones generosas de billetes, da igual de dónde provengan. En París, en Mánchester o en Londres conocen esta fórmula. Capitalismo puro en busca de una Champions. Suena bien. Y, sin embargo, tiene sus riesgos.
Fútbol, no tan lucrativo
“Un club de fútbol no es el negocio más lucrativo del mundo”, razona Marc Menchén, director del portal especializado en Fútbol y finanzas 2playbook. “Nunca dará grandes beneficios económicos porque, en esencia, los beneficios de un club son deportivos”, completa. Obviamente, hay excepciones. La familia Moreno Pavón compró el Leganés en 2008 por siete millones de euros y lo vendió en 2022 por unos 70. ¿Y quién lo compró? El grupo americano Blue Crow Sports Group. “Ahora ya no se dan esas plusvalías”, admite Menchén, que marca el punto de no retorno entre 2015 y 2018, cuando se produjo “el boom de los inversores americanos”.
Es una realidad incontestable: los Estados Unidos han puesto el fútbol europeo en su radar. Menchén lo atribuye a dos factores: “Allí es cada vez más caro comprar una franquicia. En Europa, en cambio, ven que por debajo de los 2.000 millones de euros puedes adquirir un club grande, como el Atlético de Madrid. Luego hay un tema de potencial: creen que el fútbol es el equivalente a la NFL en Europa. Y, por lo tanto, a medio y largo plazo es probable que solo queden fútbol y baloncesto como los dos grandes productos de entretenimiento audiovisual en el Viejo Continente”. Pero el negocio del fútbol no solo es el de los clubes. Los inversores americanos han detectado otras partes del pastel: como la financiación de recintos deportivos y su posterior explotación comercial.
Goldman Sachs, por ejemplo, concedió al FC Barcelona un crédito de 1.450 millones para las obras del nuevo Camp Nou, y el banco de inversiones JP Morgan prestó 575 para financiar las obras del Santiago Bernabéu. En un escalón superior, encontramos el pago de 2.100 millones de euros de la gestora de fondos CVC a LaLiga para explotar el 10% de su negocio. “Lo bueno de estas operaciones es que menguan mucho el riesgo”, explica David García, responsable editorial del diario económico del negocio del deporte Palco23. “Es muy difícil que estos actores no devuelvan el dinero.
Al contrario, puede ser que se acabe renegociando la deuda, por lo que obtendrán más intereses”, completa. Menchén cree que algunos inversores prefieren financiar este tipo de proyectos “porque tienen un retorno claro y una foto fija: si ponen dinero para construir un estadio, recibirán los ingresos de lo que ese estadio genere en el futuro”. No son propietarios, pero pueden influir en el devenir de una entidad.
Reputación versus dinero
Bajo la lógica empresarial, que busca beneficios, cualquiera podría decir que invertir en el fútbol no tiene demasiado sentido. Pero este es un negocio singular, que depende de que la pelotita entre. “Para ganar dinero con el fútbol, hay que escoger un club que se encuentre en una situación deportiva inferior a la que podría llegar a aspirar. No es lo mismo comprar el Wrexham, que a medida que sube categorías se revaloriza, que el Liverpool, cuyo valor de base ya es muy estable. El riesgo son los resultados”, sintetiza Menchén.
Pero el fútbol también es un escaparate único, una puerta de entrada a otros mercados. Por eso, muchas empresas apuestan por este deporte con el único fin de aumentar su proyección internacional. “Salvada la dificultad de invertir en un club, lo cual puede parecer deficitario, hay que fijarse en otras variables: desembarcar en Europa a través del deporte es un altavoz muy potente”, explica García. Y claro: los altavoces magnifican el mensaje, pero también los distorsionan.
El sportswashing persigue esto último: de ahí que fondos soberanos de países de cuestionable calidad democrática se hayan lanzado a la carrera para promocionar sus propios campeonatos o directamente adquirir relevancia entre la clase media-alta del fútbol europeo. Catar apuntó al PSG (y eso le sirvió para apuntar a la FIFA, logrando la adjudicación del Mundial de 2022). Emiratos Árabes apuntó al Manchester City (y a otros clubes del mundo, a través de City Football Group y bajo un formato de multipropiedad, entre ellos el Girona). Y Arabia Saudita ha apuntado recientemente al Newcastle United, un histórico del norte de Inglaterra que se ha entregado a los petrodólares.
El objetivo: lavar la imagen y revertir un estatus desfavorable. Arabia Saudita, por cierto, también organizará, como Catar, una Copa del Mundo. Será en 2034. Los saudíes no iban a ser menos que sus vecinos. A veces la geopolítica explica mucho mejor los intereses que hay detrás de algunas inversiones futbolísticas.
España, una plaza exigente
Analizando a sus mandatarios, España cuenta con un entramado singular. De los 20 clubes de Primera esta temporada, seis los controla una propiedad extranjera (Atlético, Espanyol, Mallorca, Oviedo, Valencia y Girona); cuatro pertenecen a sus socios (Barça, Madrid, Athletic Club y Osasuna) y el resto, es decir la mitad, están en manos de familias o empresas nacionales (como el Villarreal, cuyo máximo accionista es Fernando Roig, dueño de Pamesa; o el Celta, presidido por Carlos Mouriño, dueño del Grupo GES).
Las experiencias recientes de clubes que han sido adquiridos por capital extranjero no han sido del todo buenas. La multinacional china Rastar Group se hizo con el Espanyol hace una década y el pasado verano vendió sus acciones al empresario estadounidense Alan Pace, dueño de otro club, el Burnley, de la Premier League inglesa. En este tiempo Rastar ha tenido que acometer cuatro ampliaciones de capital, mientras el conjunto blanquiazul sufría dos descensos de categoría. ¿Cuál ha sido el beneficio entonces?
“El rendimiento del club ha fluctuado mucho en los últimos años, lo que ha tenido un cierto impacto en la rentabilidad general de la empresa”, sostenía el portavoz de Rastar para argumentar la venta. “La compañía desinvertirá su negocio de clubes de fútbol y concentrará sus recursos y energía en otras áreas que representan las ventajas tradicionales de la empresa”, añadía. Rastar, no lo olvidemos, es una empresa china de juguetes. El país asiático incentivó varias operaciones para que varias de sus empresas desembarcaran en el futbol europeo y ninguna ha salido bien. “Milan e Inter tuvieron problemas con sus dueños y acabaron rescatados por fondos estadounidenses. Rastar directamente ha perdido muchísimo dinero con el Espanyol”, sostiene Menchén.
García advierte varios errores de cálculo en la compra de clubes. El primero tiene que ver con el capital. “Los inversores de fuera tienen que aprender que el dinero no garantiza resultados”. El segundo apela al sentimiento. “El fútbol tiene factores emocionales. Si eres el único propietario y centralizas todas las decisiones, puedes correr el riesgo de no tener en cuenta variables que para el ecosistema de un club son importantes”, explica el responsable editorial de Palco23. El anterior dueño periquito, Chen Yansheng, apenas se dejaba ver en el estadio, provocando una desconexión paulatina con la realidad de la entidad. Algo parecido ocurre en el Valencia, al que Peter Lim, su propietario singapurés desde 2010, ha descapitalizado por completo tanto a nivel financiero como deportivo. Y, aun así, se niega a vender. ¿Dónde está el negocio entonces?
Descensos y rentabilidad
En Girona, por el momento, la fórmula funciona. El conjunto catalán fue adquirido por City Football Group (CFG) en 2017, y aunque ya no es el socio mayoritario (hoy solo posee el 47%, por el 35% de Marcelo Claure, un empresario boliviano y estadounidense, propietario del Club Bolívar de La Paz y con participación el New York City FC, también del grupo CFG), esa compra fue imprescindible para cosechar los éxitos que vendrían, como jugar la Champions y consolidarse en Primera. ¿Pero qué ocurre si uno de estos clubes-tentáculo acaba en segunda o presenta pérdidas? ¿Puede comprometer la viabilidad de todo el holding? El caso de CFG explica precisamente otro de los fenómenos al alza en materia de inversión: el de las multipropiedades.
Para García, estos holdings tienen “una ventaja negociadora. Te posiciona diferente en el mercado. Puedes compartir servicios y gastos de infraestructura o tecnológicos. Lo que te sirve para uno, te puede repercutir en el resto. Luego está la diversificación de ingresos: Girona y Manchester City comparten espónsor en la camiseta; hay una diversificación de ingresos, porque cierras los acuerdos por varios clubes. En lo deportivo, también hay ventajas: movimiento entre jugadores y operaciones sin costes adicionales”. Como es lógico, esto puede generar conflictos de intereses. Ya han existido, de hecho. La UEFA tuvo que intervenir antes de un cruce entre el RB Leipzig y el RB Salzburgo, dos equipos propiedad de la misma empresa, la multinacional de bebidas energéticas Red Bull.
Menchén completa la preferencia de los inversores americanos por esta fórmula. “En Estados Unidos hay holdings que poseen clubes en distintas franquicias: NBA, NFL, NHL. En Europa, la lógica te dice que hay que adquirir clubes de distintos países. Es una tendencia al alza: una estructura donde el equipo Premier, el de más valor, es la punta de lanza. El mejor ejemplo es City Football Group”. ¿Pero cómo hemos llegado hasta aquí?
La Premier League, origen y paradigma
En 1992, el fútbol inglés dio un giro que no solo cambiaría para siempre el panorama futbolístico de Inglaterra, sino el de toda Europa. Nacía la Premier League, una competición que rompía el modelo centenario de la Football League y que, de la mano de la cadena Sky Sports, iba a hacer de los derechos televisivos un eje transformador. Una competición privada, con los mejores 20 clubes del país, que dispararía los ingresos de sus participantes desde ese primer curso.
Impulsado por los cinco grandes clubes del momento (Arsenal, Manchester United, Liverpool, Everton y Tottenham), la Premier llegó con la intención de liberarse de la carga que suponía el sistema futbolístico inglés, las tres divisiones profesionales que existían por debajo de la máxima categoría, y poder así aprovechar las posibilidades de la First Division, que pasaba de este modo a cambiar de nombre y de manos. La English Football League, el ente que había regido la totalidad de la pirámide futbolística inglesa desde 1888, quedaría como la vía de acceso a esa nueva tierra prometida.
El cambio fue sustancial desde el primer momento. De los 40 millones de libras que había pagado la cadena privada en abierto ITV por los derechos de emisión de 1988 a 1992, se pasó a los 304 millones que iba a poner la televisión de pago Sky sobre la mesa, a cambio de cinco años de explotación de esos derechos. Lo hacía con un acuerdo con la pública BBC, que dispondría de resúmenes de las mejores jugadas. Los aficionados, de repente, veían como su pasatiempo favorito, esa pasión que les unía a sus allegados y a su comunidad se iba convirtiendo en un espectáculo televisivo global.
Premier, más es más
Anuncios protagonizados por sus ídolos, patrocinadores, más cámaras, más planos, mejores realizaciones, despliegues de medios. Sus equipos seguían regidos por propietarios locales, generalmente empresarios llevados por la pasión o por su afán de ganar influencia en los circuitos nacionales. Pero con la llegada del nuevo siglo, también iba a cambiar radicalmente el paisaje de los palcos y los despachos. Caras nuevas y desconocidas, nombres extranjeros, magnates y fondos que llegaban a una ciudad y a un club para estampar su firma como nuevos mandamases.
El fútbol de las grandes ligas europeas, y entre ellas, en especial la Premier League, empezó a atraer a grandes fortunas, primero, y a fondos, después, dispuestos a llevarse una parte de un pastel que no dejaba de crecer. De aquellos apetitosos 304 millones en 1992, después de un crecimiento exponencial, se ha pasado a un acuerdo actual, también con Sky Sports en la ecuación, junto a la norteamericana TNT Sports, que tiene un valor de 6.700 millones de euros. Con un valor medio mucho menor que el que tienen, por ejemplo, las franquicias de los principales deportes norteamericanos, y con un margen todavía amplio de crecimiento en lo que a ticketing, experiencia de partido y hospitality se refiere, también en relación con lo que ocurre en Estados Unidos, adquirir un equipo de fútbol de una de las grandes ligas puede parecer, hoy, una oportunidad irresistible.
Madrid, el club con mayor valor
Según datos de Football Benchmark, el club con mayor valor del fútbol mundial sería actualmente el Real Madrid, con 6.480 millones de dólares. Hace unos meses, Los Angeles Lakers, franquicia de baloncesto de la NBA que se puede equiparar al club madridista en términos históricos, fue vendida a cambio de una cifra récord: 10.000 millones de dólares. Según este mismo informe, el valor medio de los clubes de la Liga es de 2.355 millones de dólares. Tanto la NBA como la NFL, la competición de fútbol americano estadounidense, doblan esa valoración media. La cifra, de hecho, se puede equiparar al valor medio de los equipos de la MLB de béisbol.
Sin embargo, el impacto de cada liga, por lo menos en lo que audiencias televisivas se refiere, no tiene comparación. El partido que decidía las Series Mundiales, la gran final del béisbol norteamericano, que además contaba con los atractivos Los Angeles Dodgers (club con una valoración de negocio similar al Real Madrid), tuvo una audiencia de 51 millones de espectadores en todo el mundo. Sin embargo, un Barcelona-Real Madrid de Liga, sin ningún título en juego, ha alcanzado audiencias de más de 600 millones de espectadores en todo el mundo. Cierto, es el ‘Clásico’, un fenómeno que a veces escapa a cualquier clasificación.
La comparación con el mercado norteamericano no es casual. Si bien hemos apuntado que son hoy los dólares norteamericanos los que se han lanzado a la conquista del fútbol europeo, es en Inglaterra donde más visible se hace esta tendencia. Hoy son once los clubes de la Premier que están en manos estadounidenses. No hay otra liga en Europa con más clubes de propiedad extranjera ni con más propiedades cruzadas. Todos quieren estar ahí. Dinero llama a dinero.



























