Ayer, 24 de febrero, se cumplieron cuatro años desde el inicio de la guerra en Ucrania. Un conflicto que, sin duda, ha reconfigurado el tablero geopolítico y ha puesto a prueba la estabilidad europea en un momento de tensiones crecientes con Estados Unidos. Lo sabe bien Mira Milosevich, investigadora en el Real Instituto Elcano para Rusia, Eurasia y los Balcanes, quien revisa los factores que condicionan la posición de Europa y los posibles escenarios que deberían contemplarse en el corto plazo.
Una mirada privilegiada que estará presente también en el próximo EFPA Congress, los días 6, 7 y 8 de mayo, en Palma de Mallorca, porque entender los riesgos estratégicos y sus implicaciones económicas se vuelve esencial, no solo para gobiernos y empresas, sino cada vez más para asesores y planificadores financieros.
¿Cómo interpreta la evolución del conflicto en Ucrania en clave de estabilidad europea?
Actualmente, la desestabilización de Europa, (entendida como la UE junto con Reino Unido y Noruega), responde a dos factores externos principales: la guerra en Ucrania y la profunda crisis de la relación transatlántica, en la que Estados Unidos está evolucionando desde la posición de aliado estratégico hacia la de rival político y económico.
En este contexto, la estabilidad europea se juega en dos planos simultáneos. El primero es el plano político interno. Europa necesita mantener la unidad para sostener el régimen de sanciones, financiar un aumento sustancial de la inversión en defensa y energía, y hacerlo sin que se erosione el consenso social y político. La fatiga económica y la polarización interna son riesgos estructurales que pueden debilitar esta cohesión.
¿Y el segundo?
El segundo plano es el de la disuasión militar. Europa debe garantizar la continuidad del apoyo a Ucrania y, al mismo tiempo, reforzar su propia capacidad disuasoria frente a Rusia. Sin embargo, la crisis de la relación transatlántica complica este objetivo. Si la Administración de Donald Trump considera que la guerra en Ucrania es un asunto esencialmente europeo y que Rusia no constituye una amenaza directa para Estados Unidos, la capacidad europea de sostener una disuasión creíble se ve gravemente limitada. En el ámbito nuclear, esta limitación es aún más evidente: sin el respaldo estadounidense, a Europa le resulta extremadamente difícil, en la práctica hoy imposible, mantener una disuasión plenamente eficaz frente a Rusia.
Las negociaciones para poner fin a la guerra difícilmente producirán resultados rápidos. Europa debe, por tanto, prepararse para un escenario de conflicto prolongado, con implicaciones estratégicas, económicas y políticas de largo alcance.
¿Qué escenarios a corto plazo deberían contemplar los inversores?
El primer escenario es el de continuidad de la situación actual con picos de volatilidad (el más probable). Conflicto prolongado, negociaciones intermitentes sin un acuerdo sólido y episodios recurrentes de escalada
Implicación de mercado: prima de riesgo europea contenida pero muy sensible a los titulares, eso es, socavando la confianza en los mercados, con volatilidad en precios de energía, transporte, defensa y determinados segmentos de crédito.
El segundo es una escalada en el ámbito marítimo por sanciones (probable). Mayor presión sobre la llamada shadow fleet (que transporta el curso ruso evitando sanciones), con inspecciones, incautaciones, represalias o amenazas de escolta naval. Implicación de mercado: riesgo al alza en fletes, seguros marítimos, petróleo y productos refinados, junto con mayor incertidumbre para empresas expuestas a la logística internacional o al cumplimiento de sanciones.
Un tercer escenario es un alto el fuego parcial o congelación del conflicto sin garantías creíbles (poco probable a corto plazo). Una desescalada limitada puede reducir la volatilidad inmediata y acelerar las inversiones europeas en la industria de defensa. Sin embargo, si no existen mecanismos verificables, el riesgo de recaída permanece elevado. Implicación de mercado: inversiones en la reconstrucción de Ucrania.
¿Y el menos probable de estos cuatro escenarios relativos al conflicto de Ucrania?
El cuarto es un shock energético por evento extremo (menos probable, pero relevante). Aunque el balance gasista europeo ha mejorado respecto a años anteriores, el riesgo no desaparece. Factores climáticos, interrupciones logísticas o nuevas escaladas podrían reactivar una fuerte volatilidad en precios.
Implicación de mercado: repunte de la inflación energética, presión sobre los tipos reales y sobre la industria intensiva en energía, junto con rotación hacia activos defensivos.
Hay que vigilar especialmente la trayectoria de la energía en Europa: niveles de almacenamiento, entrada de nuevo LNG y sensibilidad de precios a episodios geopolíticos.
Este es solo un extracto de nuestra conversación con Mira Milosevich, una de las ponentes más destacadas de la próxima edición de EFPA Congress. Muy pronto compartiremos una nueva entrega. Si aún no te has inscrito, puedes hacerlo en el siguiente botón. Recuerda que si eres asociado EFPA, cuentas con todas las facilidades para desplazarte y alojarte.



























