Ángela María Callejón se incorpora al Comité de Ética de EFPA España con una visión clara: la confianza del cliente no se conquista con cualificación técnica, sino con conductas sostenidas en el tiempo.
En esta entrevista, Ángela María Callejón aborda los retos éticos que plantea la irrupción de la inteligencia artificial en el asesoramiento financiero, la necesidad de una formación integral que combine lo técnico con lo deontológico, y por qué —en su opinión— ningún profesional puede dar lo que no tiene: sin buscar el bien del cliente, no hay excelencia posible.
¿Cuáles considera que deberían ser las principales prioridades del Comité de Ética en los próximos años?
Creo que una de las prioridades debe ser reforzar la cultura ética en el sector financiero. La ética es mucho más que el cumplimiento de unas normas, es la manera de ejercer la profesión con excelencia y entender que trabajamos con activos muy sensibles, decisiones que afectan directamente a personas y proyectos de vida.
En este sentido, considero prioritario impulsar la formación en ética. Nadie da lo que no tiene, y sin hacer las cosas buscando el bien –de esto va la ética- los profesionales serán técnicamente buenos pero incompletos porque no serán capaces de generar la confianza que el cliente necesita para ponerse en sus manos.
Igualmente debemos poner atención en los comportamientos relacionados con la transformación digital, la IA y los nuevos modelos de asesoramiento financiero, fortaleciendo en el ejercicio de la profesión, la prudencia y la responsabilidad.
La confianza es uno de los pilares de la relación entre asesor financiero y cliente. ¿Qué papel desempeña la ética profesional en la construcción y mantenimiento de esa confianza?
Para mí, la ética es la base de la confianza. El cliente sólo confía cuando percibe una conducta ética. Más allá de una cualificación técnica y un conocimiento financiero capaz de dar las mejores soluciones, el cliente detecta al profesional que actúa con honestidad, con integridad y responsabilidad, y se fideliza con él. Y esto, no un día: siempre. Por eso cuesta tanto generarla, porque la confianza no se logra en un momento, se consigue generar a partir de muchos momentos, de muchos actos pequeños –virtudes- sostenidos en el tiempo. No olvidemos que las finanzas son muy sensibles, estamos ante decisiones que afectan a personas, a su patrimonio, a su vida, al futuro de sus hijos.
La tecnología y la inteligencia artificial están transformando el sector financiero. Desde una perspectiva deontológica, ¿qué oportunidades y qué retos plantean estas herramientas?
A diferencia de otras revoluciones acaecidas a lo largo de la historia que afectaban a segmentos concretos (la cultura, la industria…), la revolución tecnológica que estamos viviendo ahora, está transformando todos los sectores, y de manera singular, al financiero. Esto conlleva oportunidades a aprovechar y retos que afrontar. Nos encontramos con la oportunidad de mejorar la eficiencia y el manejo de información, agilizando la toma de decisiones con análisis más rápidos y precisos. Por su parte, y desde una perspectiva ética, veo el principal reto en no dejar que la IA desplace a las personas, ni sustituya su juicio ético ni su responsabilidad. La IA acumula y gestiona información, pero no tiene conciencia.
Más allá de la inteligencia artificial, ¿cuáles son los principales desafíos éticos a los que se enfrentan actualmente los profesionales del asesoramiento financiero?
En mi opinión, los profesionales financieros se enfrentan a tres desafíos éticos: (1) La presión por la inmediatez –por el resultado cortoplacista- anula la prudencia, y en consecuencia, la capacidad de reflexión, lo que desemboca en malas praxis por falta de ética. (2) La complejidad excesiva de los productos financieros hace que los profesionales deban derrochar transparencia y honestidad y un esfuerzo desmedido para responder a las necesidades personales del cliente. Hay que acompañarles con responsabilidad. (3) La adecuada gestión de los conflictos de interés. Garantizar y priorizar siempre –con hechos- los intereses del cliente requiere un sobreesfuerzo de independencia y transparencia.
¿Considera que los clientes son hoy más exigentes a la hora de valorar aspectos como la transparencia, la independencia o la gestión de los conflictos de interés?
Sin duda. Están mucho más informados –aunque no necesariamente formados- y son más conscientes de la importancia de estos aspectos. Las personas quieren resultados económicos pero no sólo eso, quieren ser responsables y no sólo exigen ganancias sino también conocer cómo se logran esas ganancias. Quieren entender cómo se toman las decisiones y asegurarse de que el asesor actúa en su interés. Todo esto refuerza claramente las exigencias éticas y también beneficia la generación de confianza porque aprende, conoce y entiende el proceso desde su inversión hasta su retorno.
¿Qué importancia tiene la formación continua para garantizar una actuación profesional alineada con los más altos estándares éticos?
La formación es fundamental. Quien no se forma, se va deformando. Y en este sector que evoluciona a la velocidad de la luz, mucho más. Un profesional financiero ha de tener una formación integral: en lo técnico, pero también en lo ético, porque ahí es donde va a marcar la diferencia. Los profesionales financieros quieren hacer las cosas bien, pero a veces no se tiene claro cómo; para ello es necesario tener formación, juicio crítico. En ética no todo es blanco o negro; no hay soluciones universales ni respuestas cerradas porque la ética va de buscar el bien de las personas y cada persona es única, en sus circunstancias, en su conflicto, por tanto hay que estudiarlo con la singularidad que le caracteriza. Y para tener buen criterio hay que formarse muy bien.
¿Qué ‘huella’ te gustaría dejar en el Comité de Ética o cuál crees que puede ser tu aportación personal?
Creo que aún es pronto para pensar en eso; ahora se trata de aprender y servir aquí donde estoy. Sin embargo, pensar en la huella que quiero dejar, condiciona mi trabajo y mi vida diarios. Por eso es bueno tenerlo presente. Y respondiendo a la pregunta, aquí, en el comité de ética de EFPA, me gustaría despertar la ilusión de todos por dejar un mundo mejor, que se note que todos los profesionales que han pasado por EFPA, además de ser los mejores asesores financieros, sean aquellos profesionales en los que no tengo duda de confiar mi ahorro y mi proyecto de vida: por su honradez, por su integridad, por su actuar ético. Que nuestra actividad profesional sea tal que cualquier cliente pueda pensar “en ellos se puede confiar”. Trabajaré para ello.



























