Sabemos que la economía no es una ciencia exacta, que está sujeta a una serie de normas que nos pueden hacer prever ciertas tendencias pero que siempre existe la exposición a factores que pueden alterar poderosamente la correlación causa-efecto. Sin embargo, históricamente todos los economistas han determinado la estrecha relación que existe entre lo que denominamos la economía real y el mercado bursátil. ¿Es hoy la bolsa un indicador fallido de la economía?
Presente y futuro
Cuando analizamos la situación de la economía real nos fijamos en índices y datos de situaciones que ya han sucedido. Así, observamos los salarios, el consumo o la producción. Del mismo modo lo hacemos con el PIB o el empleo, pero siempre desde el análisis de los datos de períodos de tiempo que ya han pasado (el trimestre anterior, lo que llevamos de año…). La bolsa, por el contrario, nos sirve para medir las expectativas que los inversores tienen respecto a los tiempos que están por venir. Los inversores, en base a sus predicciones, expectativas o modelos realizan una estimación de los beneficios futuros y, en base a ello, mueven su dinero en mayor o menor medida, o en una dirección u otra, dentro del mercado bursátil.
Pero siempre se ha afirmado que el mercado bursátil es un buen termómetro para medir el estado de la economía real a seis u doce meses vista. Como si la bolsa pudiera de alguna manera predecir lo que va a suceder en la economía cual oráculo. Esto siempre ha servido para hacernos una idea general de dónde estamos y hacia dónde nos movemos, siempre teniendo en cuenta que se trata de una guía útil, no una ciencia exacta, como decíamos al principio.
Los sesgos bursátiles
Y el motivo no es otro que el sesgo que el mercado bursátil lleva implícito en su esencia. Para empezar, la bolsa solo toma en consideración aquellas empresas cotizadas, ignorando motores tan importantes para la economía como las pymes, los autónomos o el sector público.
Por otro lado, hay que tener en cuenta que, en el mercado bursátil, sobre todo en ciertos índices, pueden ponderar mucho la subida de ciertos sectores mientras que el resto de las compañías caen o crecen muy levemente. Un ejemplo: las entidades financieras o las empresas tecnológicas pueden sufrir una fuerte alza que empuje el índice bursátil, aunque el resto de los valores no contemplen dicho ascenso. Por lo tanto, aunque podemos hablar de una relación entre la economía real y el mercado bursátil, siempre debemos tener en cuenta que la bolsa padece ciertos sesgos que pueden distorsionar la situación real.
Y es en este punto donde encontramos la paradoja actual sobre la que tratamos en este artículo. El indicador Buffett es un indicador económico que mide la capitalización bursátil total frente al PIB. Es un índice de correlación al uso que relaciona la economía real con el mercado de valores. Pues bien, en este momento estamos en un punto en el que este índice de correlación se encuentra en unas cifras históricas. Nunca este índica había registrado tanta distancia entre el mercado bursátil y la economía real.
La bolsa: el caso de España
España es un claro ejemplo de esta falta de correlación entre la bolsa y la economía real del país. Tomando como referencia los últimos 24 meses, la media del IBEX 35 se ha situado en los 14.200 puntos. Desde el año 2024 hasta la actualidad, el índice ha pasado de 13.500 a 16.000 puntos, alcanzándose en agosto de este año 2026 un récord histórico donde se ha llegado a superar la increíble cifra de los 20.000 puntos.
Sin embargo, si nos vamos al análisis de los indicadores de la economía real, observamos que dicha bonanza económica en la bolsa no es tal. España sufre una inflación, al igual que el resto de la Unión Europea, muy elevada. El IPC en el mes de agosto se ha situado en el 4,3%, lo que está obligando a tomar medidas correctoras desde Bruselas enfocadas a subidas de tipo de interés (hasta un 2,5%) que logren detener la terrible subida de precios.
Con una cesta de la compra con precios totalmente disparados en productos básicos como los huevos, las legumbres, las verduras o las frutas, el INE nos da el dato este verano por el cual el 56% de los hogares españoles tienen serias dificultades para llegar a fin de mes. Un verano, recuerdo, en el que la bolsa batía récords.
Si nos fijamos en los salarios, tampoco éstos apoyan la realidad económica con el optimismo bursátil. En los últimos 24 meses, la media de subida salarial se situó en torno al 3,4%, que teniendo en cuenta los datos dados anteriormente respecto a la inflación y la cesta de la compra, hace que el poder adquisitivo del consumidor haya disminuido notablemente.
La bolsa: ¿qué está pasando?
Lo cierto es que es complicado responder a esta pregunta, pero gran parte de la culpa la tiene el citado indicador Buffett y los sesgos intrínsecos de la bolsa que hemos referido anteriormente.
La bolsa está disparada por el alza imparable de las empresas vinculadas al mercado tecnológico (sesgo sector), teniendo como cabeza de lanza todo lo referente a la Inteligencia Artificial, y que arrastra al resto de valores a una subida que se da en uno o dos sectores con fuerte peso ponderado dentro de los índices bursátiles. Asimismo, el alcance global de las economías hace que los mercados internacionales y los fuertes movimientos de divisas desvirtúen las bolsas de los países, no correspondiendo realmente con la marcha de los valores nacionales. Y finalmente los beneficios empresariales, que siguen aumentando trimestre tras trimestre pero que, como hemos visto, no repercuten en la subida salarial de sus trabajadores o, al menos, no al mismo ritmo.
Por ello, la realidad nos arroja unos mercados bursátiles que van disparados, con unas cifras récord, pero enfrente nos encontramos con una economía real, la de a pie de calle que no nos habla de esa bonanza económica que nos muestran los mercados en sus índices bursátiles. Es decir, como he comentado antes, nunca había habido tanta distancia entre la capitalización bursátil y la economía real donde esa bolsa actúa.
¿Y el inversor?
Los expertos dicen que estos índices bursátiles responden a mercados sobrevalorados y que hay que tener en cuenta esa distancia respecto a la economía real. ¿Pero por qué si los datos económicos no son tan positivos los inversores siguen teniendo expectativas tan altas en los futuros beneficios empresariales y continúan “apostando” a un mercado bursátil que parece no tener techo?
Pues porque la economía, como decíamos, no es una ciencia exacta y la psicología del inversor no percibe que la bolsa haya tocado techo, no siente que las empresas hayan llegado a su tope de resultados positivos y ven que la rentabilidad bursátil sigue siendo mucho más atractiva que cualquier otro producto de inversión.
Sin embargo, con la situación actual, debemos prevenir al inversor de la probabilidad de unas posibles correcciones severas del mercado que hundan las expectativas de crecimiento. Con una subida de tipos al alza y unos datos macroeconómicos (consumo, empleo, PIB…) que no están a la par de lo que bolsa arroja (un IBEX cercano a los 20.000 puntos), no sería de extrañar que se produjesen movimientos que acortasen esa distancia que el indicador Buffett nos decía que se había vuelto abismal.
Por ello, si bien es cierto que siempre se ha calificado la bolsa como un indicador bastante fiable de la economía a seis o doce meses vista, en los tiempos actuales debemos mirar esta afirmación con cautela porque, como he titulado este artículo, tal vez la bolsa ha perdido eficiencia como índice de la economía y se haya convertido en un indicador fallido de previsión de lo que está por venir.




























