Desde Punxsutawney (Pennsylvania), la marmota Phil anticipaba a comienzos de la semana que aún quedan seis semanas de frío. El invierno cripto tampoco muestra señales de retirada, con una nueva caída de Bitcoin que recuerda a los inversores que la volatilidad sigue siendo un elemento inseparable del paisaje.
Llegamos al primer fin de semana de febrero con Bitcoin, la criptomoneda de mayor valor y referencia del mercado, en pleno “temporal”. Tras haber superado los 96.000 dólares a mediados de enero, la tendencia ha dado un vuelco, cayendo hasta la zona de los 78.000 dólares en pocos días y aproximándose a los 75.000 durante el pasado fin de semana, su nivel más bajo desde 2024.
Pero aún había margen para nuevas caídas. Según informaba Europa Press, Bitcoin profundizó su descenso este jueves al situarse por debajo de los 70.000 dólares por primera vez desde principios de noviembre de 2024, anulando así las ganancias acumuladas tras la victoria electoral de Donald Trump, cuyo segundo mandato llegó acompañado del desmantelamiento de buena parte de las regulaciones sobre criptomonedas, entre otras iniciativas pro‑cripto.
La narrativa alcista de Bitcoin, en cuestión
Lo más relevante, según Bloomberg, es que esta caída no se debe a un evento concreto. Bitcoin ha dejado de reaccionar a factores que antes impulsaban su cotización —como tensiones geopolíticas, debilidad del dólar o repuntes en el oro—, lo que para sus analistas es señal de desconexión y agotamiento de la narrativa alcista. Como recordaba el economista Nouriel Roubini en su último artículo, “cada vez que el oro se ha disparado en respuesta a disturbios comerciales o geopolíticos durante el último año, Bitcoin ha caído drásticamente”.
Bitcoin mantiene su condición de activo escaso —más del 93% ya está minado y hasta un 20% podría estar perdido para siempre (claves olvidadas, carteras inaccesibles, etc.)— y los ETF siguen acumulando interés, como veremos en el próximo número de la revista.
Aun así, 2026 se perfila como un año volátil: las previsiones oscilan entre escenarios moderados y otros extremadamente amplios, que van desde precios por debajo de los 75.000 dólares hasta potenciales techos muy alejados, según distintos modelos y casas de análisis. Otros, como Roubini, no dudan en afirmar, como rezaba el título de análisis, “que el apocalipsis criptográfico se avecina”.
Si algo demuestra este arranque de año es que la volatilidad continúa siendo el precio de entrada al universo cripto.



























