Adivina adivinanza: no ha sido aprobada por el Gobierno. No está en el BOE. Pero es la mayor subida de impuestos de los últimos años. ¿Qué es? La política del Gobierno de brazos caídos ante la inflación ha permitido a Hacienda recaudar 12.000 millones más en el impuesto sobre la renta desde 2019. El nuevo episodio inflacionista, por la guerra con Irán, seguirá echando gasolina en la hoguera del impuesto silencioso. Lo vemos en el último número de Asesores Financieros EFPA.
En 2014, se aprobó la última reforma del impuesto sobre la renta. Fue la última vez que se adecuaron sus parámetros a la inflación. Desde entonces se ha acumulado una inflación cercana al 30%, que no ha sido corregida en el principal impuesto del sistema fiscal español (el IRPF).
La guerra en Ucrania dio pie al mayor episodio inflacionista en 40 años y ahora la Comisión Europea advierte de que el bloqueo de Ormuz puede dar paso a “la mayor crisis energética de la historia”. El Banco de España avisa de que, si se alarga el conflicto, el IPC podría rozar el 6% en 2026.
Si se cumplen estos augurios, la inflación acumulada desde 2014 hasta finales de 2026 se elevaría al entorno del 35%, sin que se hayan actualizado los parámetros del IRPF. Este inesperado rebrote amenaza con echar más gasolina al llamado “impuesto silencioso”, ese que ya habría llevado a los contribuyentes a pagar unos 12.000 millones más sin que haya mediado ninguna reforma legal.
Mínimo personal desfasado
Los datos son elocuentes. En 2014, se cifró en 5.550 euros el mínimo exento de tributación, por considerar que era la cantidad mínima que un ciudadano necesitaría para vivir y que no debería ser gravada. Han pasado 12 años y el mínimo exento sigue impertérrito en los 5.550 euros, pese a una inflación acumulada cercana al 30%.
De haberse corregido, ese mínimo sería hoy de unos 7.200 euros y todos los contribuyentes estarían pagando un poco menos en su IRPF. Lo mismo ocurre con las deducciones por hijos o por ascendientes a cargo, o con la reducción fija de 2.000 euros por rendimientos del trabajo: cantidades escritas en piedra desde 2014, impávidas ante el paso del tiempo y de la inflación.
Inflación y progresividad en frío
La inflación incide también sobre la propia tarifa del impuesto. Provoca, por ejemplo, que un trabajador que vea su sueldo actualizado con la inflación —sin haber ganado poder adquisitivo— acabe pagando a Hacienda un mayor porcentaje de su renta.
Es la llamada progresividad en frío, que se produce sobre todo cuando la actualización salarial lleva al contribuyente a saltar de tramo en la escala del impuesto y caer en la red de un tipo marginal más elevado.
Un ejemplo: sea una pensión de 18.500 euros, que tributaba en 2022 a un tipo marginal del 19%. En 2023, el Gobierno subió las pensiones el 8,4% conforme a la inflación del año anterior, y esa pensión pasó a ser de 20.054 euros. De pronto, toda la mejora saltó al siguiente tramo de la tarifa del impuesto, para tributar a un tipo marginal del 24%. La pensión no ganó poder adquisitivo —solo lo conservó—, pero el tipo medio efectivo pasó del 7% al 10,5%, lo que supuso pagar unos 800 euros más. Si el Gobierno hubiera corregido el efecto de la inflación, ese pensionista habría seguido tributando a un tipo medio efectivo del 7% sobre su retribución bruta.
“La no deflactación, no solo de la tarifa sino del resto de elementos del impuesto afectados por inflación, aumenta de forma opaca y silenciosa los impuestos que se pagan y merma la capacidad económica de los hogares. Algunas comunidades autónomas han tomado decisiones puntuales y parciales, pero lo que se necesitan son mecanismos claros y sistemáticos que protejan a los contribuyentes”, resuelve Desiderio Romero, investigador sénior de Funcas.
Inflación, ahorro y plusvalías
La inflación no afecta solo a la tributación de los salarios. “Este problema también aparece en las rentas del ahorro y en las ganancias patrimoniales. La falta de ajuste por inflación está llevando a gravar riqueza aparente”, apunta Romero.
Desde 2014, el primer tramo del IRPF del ahorro —al 19%— se aplica a bases de hasta 6.000 euros, sin tener en cuenta que esos 6.000 euros han perdido casi el 30% de su valor real (por la inflación acumulada), explica Raquel Jurado, técnica del Servicio de Estudios del Consejo de Economistas. Con una deflactación plena, ese primer tramo tal vez debería aplicarse a los primeros 7.600 euros.
El efecto combinado de inflación y tributación está llevando a tasas negativas de rentabilidad interna, advierte Jorge Onrubia, profesor de Hacienda Pública de la Complutense e investigador de Fedea. Es un fenómeno que se observa especialmente en el rendimiento de activos de renta fija y depósitos bancarios y que ya fue muy frecuente en los años 80. “Al no corregirse los tramos de la tarifa del impuesto con la inflación es mucho más fácil caer en rentabilidades negativas”, apunta Onrubia.
La respuesta del Gobierno
El ministro de Hacienda, Arcadi España, defiende la estrategia del Ejecutivo: “Es importante tener en cuenta la globalidad de las figuras tributarias. Ningún Gobierno ha hecho tanto en el IRPF para que las rentas bajas paguen menos. Yo creo que no se ha valorado suficientemente que las personas que ganan el salario mínimo no tributen. Y también ahora las familias pagan menos IVA en electricidad, gas o gasolina”. Así respondía el ministro a la pregunta de si Hacienda va a seguir sin deflactar el IRPF, en una entrevista con el diario El País.
El ministro España aludía a las medidas adoptadas por el Gobierno para aliviar la tributación de los salarios más bajos, a través de la deducción por rentas del trabajo. También se refería al mecanismo adoptado por Hacienda para evitar que las últimas subidas del SMI hayan obligado a sus perceptores a tributar. Además, quería hacer valer que los mayores ingresos recaudados sirvieron para financiar rebajas (transitorias) en los impuestos energéticos tras la invasión rusa de Ucrania y que ahora vuelven a servir para hacer lo mismo ante la subida de precios que está provocando el cierre del estrecho de Ormuz.
Unos 12.000 millones más desde 2019
¿Hasta qué punto la no corrección de la inflación está haciendo pagar más impuestos a los contribuyentes? Un informe del Banco de España de 2024 estimó que Hacienda ingresó 11.000 millones más entre 2019 y 2023 por no haber corregido el IRPF con el IPC.
En un ejercicio similar, la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef) calculó que en 2024 se recaudaron unos 9.600 millones más que en 2019 solo por la llamada ‘progresividad en frío’. Además, ha estimado que la no corrección de la inflación aportará 12.600 millones adicionales durante los próximos siete años de vigencia del Plan fiscal 2025-2031.
Y puede que esta estimación se haya quedado corta a la luz de los propios cálculos del Gobierno.
A qué equivale la no correlación: un 20%
En el documento ‘Informe de Progreso Anual 2026. Reino de España’ que el Gobierno remitió a la Comisión Europea este 30 de abril, se asume que solo en 2025 los contribuyentes españoles pagaron un plus de casi 2.300 millones en el IRPF por el hecho de que no haber corregido ni la tarifa del impuesto ni los mínimos personales y familiares de acuerdo con la inflación registrada el año pasado (2,7%). Si se suma esta cantidad a la estimada por la AIREF para los años previos, se llega a esta aproximación: desde 2019, la Agencia Tributaria habría ingresado unos 12.000 millones solo por el efecto de la inflación.
Y para 2026, es fácil concluir que con una hipotética inflación del 6%, los contribuyentes pagarían en el IRPF de este año otro plus adicional de más de 5.000 millones.
Sumando y sumando, se podría llegar a la conclusión de que en 2026 los contribuyentes estarían pagando en el IRPF, como mínimo, 17.000 millones más que 2019 solo por efecto de la inflación. Sería como decir que el impuesto habría subido en este periodo un 20%.
Recaudación injusta por la inflación
Bajando a las cuentas domésticas, el Registro de Asesores Fiscales (Reaf) calcula, por ejemplo, que salarios brutos de 25.000 euros tributarán en 2026 unos 250 euros más por la inflación acumulada desde 2022. La sobrecarga sube a 760 euros para un salario de 70.000 euros y a 2.150 euros para uno de 400.000. “La ausencia de indexación en el IRPF es equivalente a una reforma fiscal implícita que no exige aprobación parlamentaria”, sostiene Desiderio Romero.
“Es una estafa electoral”, zanja Onrubia. “Yo no creo que en España se paguen demasiados impuestos, pero deben estar bien diseñados, que no perjudiquen el ahorro ni generen sesgos”, añade. “En el momento en que miras para otro lado, la inflación te aporta mucha recaudación. Eso ha sido así siempre y el argumento de los gobiernos siempre ha sido el mismo: el de lograr más dinero para financiar el estado de bienestar. Pero esta es una forma de recaudar bastante injusta, ya que no afecta a todos los individuos por igual, sino que recae en mayor medida sobre los de menor capacidad de pago, que son quienes están más expuestos a la inflación”, razona Onrubia.



























