La creación de valor se ha consolidado como uno de los pilares del discurso estratégico en el segmento de la banca privada. Valor para el cliente y valor para la entidad. Conceptualmente, el planteamiento es acertado y ampliamente compartido en el sector. El verdadero reto comienza cuando este enfoque se traslada al día a día del negocio. ¿Qué papel tiene la tecnología?
Desde la experiencia de aquel que, como un servidor, trabaja en la primera línea de fuego, crear valor no consiste únicamente en obtener unos buenos resultados financieros. Implica lograr que esos resultados estén respaldados por una excelente experiencia o human touch. Esto es calidad de servicio y cercanía con el cliente y un entorno de trabajo eficiente para los profesionales. Cuando ambos elementos avanzan en la misma dirección, la creación de valor deja de ser un concepto teórico y se convierte en una realidad tangible.
Así de simple.
Y en este proceso, la tecnología es un factor absolutamente decisivo y que marca diferencias entre entidades financieras. Ya no puede entenderse como un simple soporte operativo, sino como una firme palanca estructural de la creación de valor. Sistemas informáticos ágiles, datos accesibles y herramientas bien integradas son el motor que trabaja sin descanso 24/7 y que permiten dedicar más tiempo a lo que realmente importa en el día a día de un banquero/a: el asesoramiento, el control, la planificación y la relación con el cliente.
“Hoy, más que nunca, resulta evidente que sin una base tecnológica sólida, coherente y alineada con el negocio, no es posible crear valor de manera sostenible“
Rafael Casellas
Tecnología: más allá de la digitalización ‘cosmética’
Es cierto que el sector ha avanzado muchísimo en la digitalización pero también lo es que todavía existe un amplio margen de mejora. En muchos casos, la ambición estratégica en materia de creación de valor no siempre va acompañada de la inversión tecnológica necesaria para hacerla realidad. Cuando la tecnología no acompaña al modelo, el riesgo es que el concepto “valor” se quede en un discurso perfecto y que no llegue a materializarse plenamente.
Desde la trinchera financiera del que mantiene un contacto diario y cercano con el cliente, la tecnología no es una cuestión cosmética que permite simplificar procesos, reducir fricciones internas y mejorar de forma directa y clara la calidad del servicio. Una tecnología puntera es lo que permite, sin ninguna duda, multiplicar el valor generado, tanto para el cliente como para la organización y el banquero.
Apostar de forma decidida por la tecnología es una decisión estratégica que refuerza el modelo de banca privada, dignifica el human touch del banquero y mejora la experiencia del cliente. Hoy, más que nunca, resulta evidente que sin una base tecnológica sólida, coherente y alineada con el negocio, no es posible crear valor de manera sostenible.




























