Los mercados privados viven un momento de expansión silenciosa: más empresas permanecen fuera de bolsa, más capital fluye hacia ellas y más inversores buscan su potencial de rentabilidad. Pese a su iliquidez y a la necesidad de paciencia, el capital privado abre hoy un universo de oportunidades difícil de ignorar, como vimos en el pasado webinar organizado por EFPA España titulado: Mercados privados, tendencias en 2026: ¿una clase de activo estratégico? y conducido por Lorenzo Coletti
Head of Iberia – Pictet AM.
Pictet es una empresa privada de siete socios, que no cotiza ni ha sido respaldada por un fondo de capital privado. Otras, en algún momento han estado respaldadas por capital privado. Un ejemplo es Breitling, empresa de relojes de lujo, en la que intervino el gigante del capital privado CVC. También es el caso de Dell. En 2013 la recompró en parte su fundador, Michael Dell, con la firma de inversión tecnológica Silver Lake, haciéndola privada de nuevo. Por su parte, la hotelera Hilton fue adquirida por Blackstone, en la mayor compra de una empresa privada, más de 25.000 millones de dólares, en 2007. Posteriormente, la compañía volvió a cotizar en bolsa.
Capital privado
Estas operaciones tienen en común la intervención de gestoras con inversiones de capital privado, una clase de activos que los inversores, sobre todo privados, miran cada vez más, por su alta rentabilidad potencial, derivado tanto de la prima de iliquidez como de una gestión activa más intensiva. Además, el capital privado ofrece acceso a un universo de oportunidades más amplio. Las empresas permanecen hoy más tiempo en el ámbito privado que en el pasado. Si en el año 2000 el plazo medio hasta una salida a bolsa era de aproximadamente seis años, desde 2020 se sitúa en torno a once, lo que refuerza el papel del capital privado como vía principal de acceso al crecimiento empresarial.
Desde la burbuja tecnológica, el número de empresas cotizadas en Estados Unidos se ha reducido de forma significativa, mientras que el ámbito del capital privado ha seguido creciendo. De hecho, el 87% de las empresas estadounidenses con ingresos superiores a 100 millones de dólares no cotiza en bolsa. En conjunto, el mercado global de inversiones privadas alcanzaba unos 18 billones de dólares a finales de 2023 y se estima que podría situarse entre 25 y 33 billones de dólares en 2030.
Mejora de la rentabilidad/riesgo
Conviene tener en cuenta que el capital privado está menos expuesto a los vaivenes de los mercados financieros y al sentimiento de los inversores. Con algunas excepciones, su rentabilidad histórica ha sido superior a la del índice MSCI World. No obstante, se trata de un universo muy disperso: la diferencia de resultados entre los mejores y los peores gestores puede alcanzar el 20%, y los gestores de mayor calidad tienden a repetir buenos resultados de forma consistente a lo largo de los distintos fondos que lanzan.
La incorporación de activos alternativos -capital privado, inmobiliario, hedge funds o fondos alternativos líquidos o semilíquidos- puede mejorar el perfil rentabilidad/riesgo de una cartera, tanto conservadora como más dinámica. A través de fondos multiestrategia, el objetivo habitual de rentabilidad interna neta se sitúa en el entorno del 10 a 15%, con múltiplos de valor total sobre capital invertido (TVPI) de aproximadamente 1,5 a 1,7 veces.
En el caso de las coinversiones, el potencial de rentabilidad puede elevarse hasta 17 a 20%, con múltiplos cercanos a 1,8 a 2 veces. En fondos privados temáticos o sectoriales, los resultados pueden variar de forma significativa en función del ámbito de inversión. Por ejemplo, en biotecnología el perfil de riesgo es elevado, pero también lo es el potencial de rentabilidad. En todos los casos, la diversificación resulta un elemento clave para la correcta construcción de la cartera.
Mercados privados
Ahora bien, conviene recordar que el capital privado es, por definición, una inversión ilíquida. En respuesta a esta limitación, han surgido fondos evergreen, de continuidad o semilíquidos, dirigidos a inversores que demandan cierto grado de liquidez. Sin embargo, esta aparente liquidez puede introducir riesgos relevantes. Si los activos subyacentes no son líquidos, la capacidad de atender reembolsos puede verse comprometida y si la liquidez se gestiona mediante posiciones en fondos monetarios o instrumentos de renta fija a muy corto plazo, esta se obtiene necesariamente a costa de la rentabilidad del conjunto de la cartera. Además, incluso cuando existen ventanas de salida predefinidas, pueden coincidir con momentos de tensión en los mercados, en los que la liquidez efectiva no está disponible o deba aplicarse con restricciones.
Efectivamente, un fondo de capital privado suele tener una vida de entre 10 y 12 años. Durante los tres o cuatro primeros años, los inversores van desembolsando el capital comprometido, sin que normalmente se produzcan reembolsos hasta el quinto o sexto año, momento en el que comienzan las desinversiones mediante la venta de participaciones o la salida a bolsa de las compañías en cartera.
El capital privado exige paciencia
En este marco, el valor liquidativo tiende a mostrar una mayor estabilidad cuando el inversor mantiene compromisos recurrentes a lo largo del tiempo, lo que permite suavizar el efecto del calendario de inversiones y desinversiones. En definitiva, el capital privado exige paciencia. Requiere un horizonte de inversión significativamente más largo que el de cualquier fondo líquido de renta fija o de renta variable cotizada. En este contexto, mantener una exposición constante en el tiempo resulta más adecuado que intentar acertar el ciclo. Ello exige disciplina y una visión de largo plazo por parte del inversor.
Desde el punto de vista coyuntural, aunque no constituye nuestro escenario central, existe el riesgo de que los bancos centrales se vean obligados a elevar y mantener los tipos de interés en niveles elevados más tiempo. Un entorno así puede ralentizar la actividad de fusiones y adquisiciones, dificultar el acceso a la financiación y frenar tanto las inversiones como las distribuciones de los fondos de capital privado.
Diversificación
Para los inversores que se lo plantean, el acceso al capital privado puede realizarse, en primer lugar, mediante inversiones directas en empresas no cotizadas -a menudo a través de contactos personales, familiares o profesionales-, aunque esta vía suele implicar una diversificación limitada y mayor riesgo específico.
Una segunda opción es invertir a través de un fondo de capital privado, que permite diversificar normalmente entre 10 y 20 compañías. Sin embargo, estas estrategias suelen exigir importes mínimos elevados y el acceso no siempre está disponible para todos los inversores.
Una tercera alternativa son los fondos de fondos multiestrategia, que invierten en 25 a 30 fondos de capital privado distintos, con diversificación sectorial y geográfica y una exposición total a alrededor de 300 empresas subyacentes. En este caso, la inversión mínima suele ser menor. Estos vehículos pueden combinar fondos de nueva creación y fondos ya en fase avanzada, así como inversiones secundarias -que aportan mayor visibilidad sobre los activos subyacentes, que suelen adquirirse con descuento respecto a su valor teórico, evitando además el periodo inicial de desembolsos-. También pueden incluir coinversiones, que permiten mejorar el perfil de rentabilidad ajustada al riesgo.
Creación de valor
En cuanto al tipo de empresas subyacentes, los fondos de venture capital (capital riesgo) suelen invertir en compañías en fases muy iniciales, que necesitan capital para arrancar o desarrollar su modelo de negocio. Se trata de inversiones de alto riesgo y por lo general no implican la toma de control. Un ejemplo conocido es Moderna, pionera en la tecnología de ARN mensajero y ampliamente reconocida por el desarrollo de su vacuna contra la COVID‑19.
Otra estrategia es la denominada growth capital (crecimiento) que consiste en invertir en empresas ya operativas que requieren financiación para acelerar su crecimiento, expandirse a nuevos mercados o desarrollar nuevos productos. En estos casos, tampoco suele existir una toma de control por parte del fondo.
Por su parte, los fondos de buyouts se centran en empresas maduras y consolidadas, normalmente mediante la adquisición de una participación mayoritaria o control total. El perfil de riesgo en estas operaciones suele ser más contenido al tratarse de negocios con flujos de caja recurrentes y posiciones competitivas establecidas.
Finalmente, existen estrategias orientadas a empresas con dificultades operativas o financieras, en las que el fondo asume el control, siendo el nivel de riesgo elevado. El capital privado puede desempeñar un papel clave aportando no solo financiación, sino también acceso a nuevos mercados, mejoras en la posición competitiva, adquisiciones de competidores, atracción e incentivación del talento y soluciones a procesos de sucesión, lo que es especialmente relevante en empresas de carácter familiar.
Mercados privados: el caso de Breitling
Es el caso de la empresa de relojería Breitling, fundada en 1884. Entre junio de 2017 y noviembre de 2018 fue comprada por CVC Capital Partners a la familia Schneider. CVC creó un equipo directivo de primer nivel, con un CEO procedente de Richemont. Modificaron la imagen publicitaria y rejuvenecieron el producto con una gama de relojes de lujo femeninos. Mejoraron la distribución, aumentado el número de tiendas y comercio electrónico propio y aprovecharon la recuperación de China. Entre 2017 y 2022 duplicaron los ingresos, mejoraron los márgenes de 16 a 26% y más que triplicaron el beneficio de explotación. CVC vendió la compañía el primer trimestre de 2023 a otro fondo de capital privado a diez veces lo pagado.
También es el caso de Birkenstock, empresa de sandalias, fundada hace más de 250 años, en la que en 2021 Catterton, fondo de capital privado experto en consumo, moda y lujo, que gestiona 35.000 millones de dólares, compró la mayoría a los hermanos Christian y Alexander Birkenstock. En 2016 también se integró la familia Arnault, dueños del Louis Vuitton. Se creó un equipo directivo de primera clase con Oliver Reichert como CEO único, quien aceleró la venta directa, que pasó de 30 a 40% en tres años, con tiendas propias y comercio electrónico.
Amplió la gama de calzado para gente más joven con una penetración del 20% frente al 5% anterior. Se asoció con otras marcas de lujo, como Dior y con Barbie en la película, justo antes de salir a bolsa. Ha entrado en China e India y ampliado capacidad productiva. Sus ingresos de 2021 a 2023 se multiplicaron por 2,1, el beneficio de explotación por 2,5 y los márgenes 5%. Su valor ha llegado a multiplicarse por 3,4 veces desde 2021.

