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Tribuna #EFPACongress26: Europa y su ahorro privado ante el espejo, por Josep Soler 

Compartimos tribuna #EFPACongress26 de Josep Soler, consejero ejecutivo de EFPA España, en El Economista sobre el ahorro privado de Europa.

No eres tú, soy yo. Es la frase que precede muchas rupturas, especialmente aquellas que acontecen sin grandes aspavientos, pero tras innegables evidencias. Un argumento que exculpa de la crisis al interlocutor y mira hacia uno mismo. ¿Puede Europa estar rompiendo consigo misma? Con el espejo delante, una cosa es cierta: ya no es la misma que hace 10, 20 o 30 años.

El reflejo le arroja su imagen deteriorada y la del mundo en el que ahora se ha de mover, que ha mutado y ha reventado sus costuras, obligando a Europa a mudar de piel o, al menos, a ser consciente de que, si sigue con el mismo traje, puede que no la dejen entrar en una fiesta que ha cambiado el cartel de derecho de admisión: de “globalización” a “autonomía estratégica”.

Para el cambio de armario que necesita, la lista de deseos europea es larga: el inicio de la guerra en Ucrania no hizo más que poner negro sobre blanco su dependencia energética y defensiva externa, obligando al Viejo Continente a mirarse también internamente y ver que anda escaso de casi todo. 

Con el PIB y productividad estancados, una población envejecida, sin baluartes estratégicos en tecnología, y unos mercados financieros más desconectados que el armario de Pipi Calzaslargas, Europa debería ser hoy consciente que necesita redefinirse no para ser la más guapa de la fiesta, pero sí, al menos, para seguir viva en el mercado global.

Europa, prioridades estratégicas

Entre las prioridades estratégicas de su nuevo closet, cómo no, se han de encontrar una mayor independencia energética mediante la inversión en renovables y en almacenamiento; soberanía tecnológica e industrial, con una producción autosuficiente de chips, baterías y tecnologías de defensa; y la adaptación acelerada a una demografía envejecida, con foco intensivo en salud y servicios de dependencia. Cada uno de estos ámbitos representa un “brote de transformación” que debería mejorar la posición de Europa en la fiesta. 
Ante la aparición en el espejo del nuevo ‘desorden mundial’, Europa va entendiendo que lo que tiene por delante no es un reto coyuntural, sino una transformación estructural que la obliga, entre otras, a replantear como se financiará.

En el centro de este reto se encuentra la amplia capacidad de ahorro de los ciudadanos europeos. Europa no tiene un problema de ahorro, sino de situarlo convenientemente, como periódicamente recuerdan los asesores financieros profesionales agrupados en EFPA España. Los hogares europeos -y españoles- ahorran y no sin esfuerzo, pero lo hacen excesivamente en cuentas corrientes y en depósitos con mínimas rentabilidades. 

Un ahorro poco rentable

Según datos de la Comisión Europea, alrededor del 70% del ahorro financiero de los hogares en la UE, por valor de 10 billones de euros, se mantiene en forma de depósitos bancarios. Son recursos inmovilizados, poco productivos, que pierden poder adquisitivo con la inflación y que contribuyen ineficientemente al desarrollo económico atenazados por la regulación bancaria.

Movilizar el ahorro no significa asumir más riesgo, sino gestionarlo mejor; no implica desplazarse hacia productos complejos, sino hacia vehículos que generen valor; no es una cuestión técnica, sino cultural. Este es el gran claim que articula el encuentro bienal de EFPA Congress: transformar el ahorro en inversión: el poder del asesoramiento, apuntando al rol clave de la profesión para impulsar un cambio esencial para los europeos y para Europa.

España en particular necesita transformar su relación con el ahorro. Necesita que el dinero deje de estar tan quieto y empiece a participar en una economía que le permita ser un jugador más en la partida y no un mero espectador. Y los ciudadanos, ahorradores y potencialmente inversores, necesitan entender que su ahorro de hoy es su estabilidad de mañana y que la estabilidad de mañana depende de cómo decidan invertir hoy.

Para ello, disponer cuanto antes de instrumentos eficaces y atractivos para los inversores particulares, con incentivos adecuados especialmente fiscales, que generen el volumen de inversión necesario para impulsar la competitividad económica del continente, es esencial.

Mercados de capitales: la asignatura pendiente

El espejo hace tiempo que nos muestra una Europa que no es, ni de lejos, la más bella del reino… pero tampoco la más trabajadora, arriesgada o innovadora. Hay que aceptarlo y proponernos usar una clara ventaja competitiva que tenemos: la voluntad de preservar nuestro modelo social y económico, en el que creemos la mayoría, y nuestra capacidad de ahorrar y con ello de invertir en nuestra transformación en sectores energéticos, industriales, tecnológicos y defensivos en el lugar que permite apuntar hacia los cambios profundos que ya nos afectan. Y ese lugar no es otro que los mercados de capitales.

Una predisposición inversora sólida, basada en la confianza que puede dar una regulación protectora pero flexible, con una cultura financiera creciente y ambiciosa, alimentará la productividad, fortalecerá el crecimiento y contribuirá a la sostenibilidad. Lo contrario de, como llevamos haciendo demasiado tiempo, chutar la pelota hacia adelante, como si la pirámide demográfica no nos fuera a engullir más pronto que tarde.

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