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Tribuna #EFPACongress26: el ruido de la geopolítica

Con motivo de la celebración de EFPA Congress, compartimos íntegramente la tribuna firmada por Luis Torras, colaborador académico de EFPA España, publicada en Finect.

La fluidez informativa de nuestra era hace que permanentemente los gestores e inversores vivan atrapados en un ciclo de noticias sin final. Pero lo cierto es que el mundo nunca ha sido un lugar tranquilo. Las nuevas tecnologías de la información y la creciente interdependencia económica global dan la sensación de que el mercado es hoy todavía más sensible al ruido ambiental.

Desde luego las reacciones llegan con mayor rapidez, incluso antes de que cualquiera haya podido procesar con un mínimo de calma la teórica nueva noticia que reflejan los precios. Pueden surgir aquí dos tentaciones. Salirse por completo de los mercados, esperando tiempos mejores, o (peor aún) intentar jugar a anticipar estos eventos moviendo las carteras según sean los titulares de prensa (o tuits) del día, el equivalente a jugar al gato y al ratón con nuestro patrimonio.

La geopolítica es, por definición, impredecible. Y su desarrollo, así como consecuencias y reacción del mercado (que son dos casas distintas), son imposibles de anticipar. Quien diga lo contrario miente. 

Esto nos lleva a una conclusión incómoda pero liberadora: intentar posicionar una cartera en función de lo que creemos que va a pasar en el tablero geopolítico es, en el mejor de los casos, un ejercicio de azar disfrazado de análisis. En el peor, una trampa que destruye valor de manera sistemática.

Tribuna #EFPACongress26: el riesgo psicológico

El mayor riesgo que plantea un evento geopolítico no es económico. Es psicológico.  Cuando los mercados caen con violencia en respuesta a una escalada en un conflicto bélico, provocan una enorme ansiedad y es fácil confundir lo que es una calidad del precio (que nada tiene que ver con el negocio), con el fundamental. Una ansiedad que muchas veces nos mueve a la acción, cuando la mayoría de las veces lo mejor sea no hacer nada. 

Estas caídas en los precios inevitablemente tienen un efecto sobre el estado anímico inversor que suele alentar nuevas ventas y caídas. Este pesimismo suele exacerbarse por nuestro propio cableado cerebral que tiende a proyectar el futuro como una extensión del presente. Cuando las cosas se ponen feas, aunque el refranero popular te recuerde que en peores plazas hemos toreado, es inevitable que el pesimismo pase a dominar el frontal cerebral.

Y, sin embargo, el patrón se repite: históricamente, el inversor que mantiene la cabeza fría y que mantiene el rumbo, o incluso aprovecha de estas ventanas de oportunidad para comprar, es recompensado a seis y doce meses vista. Las caídas en los precios son un reflejo de la incertidumbre que suelen generar estos episodios, cuando la incertidumbre amaina, los precios recuperan con la misma fuerza.

La ventaja de estos episodios cuando el mercado corrige por riesgos sistémicos es que no discrimina. Esto hace que negocios extraordinarios cuya buena marcha del negocio no tienen nada que ver con estos eventos, incluso en el peor de los escenarios, se convierten en prácticamente las únicas ventanas en las que un inversor avezado para comprar negocios excelentes a descuento, una situación imposible en cualquier otra circunstancia.

Tribuna #EFPACongress26: geopolítica, test de idoneidad

Estas oportunidades solo son aprovechables para aquél que conoce bien lo que tiene en cartera, y gracias a un entendimiento profundo del negocio sabe distinguir precio de valor, y de lo que puede ser un impacto coyuntural, de lo que es un deterioro estructural. 

Los eventos geopolíticos tienen otra función, quizás menos glamurosa pero igualmente importante: son el mejor test de idoneidad de una cartera. Si un inversor no puede dormir cuando los mercados caen un quince por ciento en tres semanas, hay un problema. Pero ese problema no es la geopolítica: es que la cartera no está calibrada correctamente a su perfil real de riesgo, a su horizonte temporal o necesidades de liquidez.

El riesgo no está en el instrumento financiero, esta en el inversor. Una acción de alta volatilidad en manos de alguien con horizonte largo, estómago sólido y conocimiento profundo del activo no tiene que suponer ningún problema.

Como no es ningún problema para Fernando Alonso coger curvas a más de dos cientos kilómetros horas. Y al revés, un fondo de renta variable relativamente tranquilo y diversificado, mucho menos volátil que la acción de antes, pero en manos de alguien con baja tolerancia a las fluctuaciones o necesidades acuciantes de liquidez, puede convertirse en una fuente de destrucción de valor garantizada. Estos episodios de volatilidad suelen ser más reveladores que cualquier KYC. También son un recordatorio de que sacar un resultado satisfactorio en bolsa exige tener algo de estómago y de control emocional. 

Geopolítica en el centro de EFPA Congress

La geopolítica seguirá siendo impredecible y será una de las temáticas centrales del EFPA Congress, el encuentro de referencia del sector que reunirá en Palma de Mallorca a profesionales del asesoramiento para analizar cómo impulsar una cultura financiera más orientada a la planificación y la inversión a largo plazo. Los mercados seguirán reaccionando de manera exagerada y quienes hayan construido carteras bien calibradas, con activos que entienden de verdad, seguirán teniendo ventaja sobre quienes intenten adivinar el próximo movimiento del tablero mundial o no sepan dominar sus emociones.

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