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IA y su impacto en el asesor financiero: de lo tecnológico a lo estratégico

La transformación no es tecnológica: es estratégica. Las organizaciones que integran la IA de manera eficiente no solo optimizan procesos, sino que permiten que sus profesionales sumen más valor a su trabajo. Más allá de las amenazas y los riesgos que entraña un proceso que avanza a un ritmo vertiginoso —y que son muchos—, en el ámbito del asesoramiento financiero el acompañamiento personalizado del cliente puede salir beneficiado. Y esa es una buena noticia.

Según McKinsey, el 44% de los directores financieros utilizaron la IA generativa para diferentes usos durante 2025, un aumento más que notable frente al 7% registrado en la encuesta anterior. A estas alturas de 2026 puede que no quede ninguno sin haberla utilizado, como mínimo, una vez.

Más allá de la cifra, evidencia que la IA no es solo una herramienta de apoyo tecnológico, sino un componente estratégico en la gestión financiera y un ecosistema que ya forma parte de nuestras vidas, seamos capaces de verlo o no.

El valor de las tareas repetitivas: tiempo

Al principio, la inteligencia artificial impactó en la ejecución de las tareas más repetitivas. Hablamos, por ejemplo, de la automatización, elaboración y/o actualización de informes y reportes, entre otros procesos contables seguramente conocidos por nuestros lectores. Lejos de competir con el asesor, estas herramientas han libertado tiempo para que los profesionales puedan enfocarse en tareas de mayor valor, reduciendo, por si fuera poco, errores humanos (hasta en un 30%, según estudios de Deloitte).

Esto ha puesto de manifiesto lo inevitable y, si somos optimistas, también lo deseable: el verdadero rol del asesor financiero. Mientras la IA añade capas de complejidad a su capacidad como herramienta tecnológica (o más bien como inventor de herramientas), subraya, aún más, la naturaleza misma de la profesión.

El asesor financiero puede, por fin, dejar de ser un mero ejecutor de tareas (o, en cualquier caso, dejar de ocupar buena parte de su tiempo en ellas) y dedicarse a lo importante: ser un gestor de todo ese vasto conocimiento que la IA le procura, filtra y ordena. Ser, más que nunca, acompañante y estratega.

Pero ¿y si un agente lo hace?

Hoy, en plena efervescencia de la IA agéntica, el cambio es aún más profundo: la tecnología no solo analiza datos, sino que es cada vez más autónoma: puede proponer soluciones, ejecutar acciones y coordinar múltiples procesos, entre otras muchas tareas que tan solo hace unos meses era difícil imaginar. Es la era de los agentes. A diferencia de la IA generativa, la agéntica persigue objetivos y puede seguir un proceso de aprendizaje y ejecución continuos, mediante planificación y toma de decisiones.

Dicho de otra forma, la IA ya no es un mero asistente —ese “secretario” o “becario” que trabaja bajo nuestra supervisión—, sino un colaborador que actúa con cierto grado de autonomía. ¿De nuevo una amenaza? De nuevo, la oportunidad. Esto redefine aún más la relación entre la tecnología y el asesor. La primera se encarga de lo repetitivo y cada vez más de lo operativo, mientras que el profesional concentra su valor en la dirección y la estrategia, el juicio crítico y la experiencia contextual, áreas donde la IA todavía no puede reemplazar la visión, confianza e interpretación humana, elementos que siguen siendo decisivos para los inversores.

El papel del asesor frente a la IA agéntica: un espacio propio

El asesor debe entonces situarse por encima, definiendo reglas, estableciendo límites y configurando objetivos de la mano la IA agéntica, que deber ser asumida como una extensión, lo que obliga al asesor a formarse y mucho —si no lo está haciendo ya—. Mientras la IA agéntica debe encargarse de tareas repetitivas, análisis predictivo y ejecución autónoma, el asesor ha de actuar como arquitecto y garante de decisiones inteligentes, responsables y alineadas con los objetivos de clientes y organizaciones.

Como decíamos al inicio, la adopción de IA en el ámbito del asesoramiento financiero no es solo una mejora tecnológica: es una transformación estratégica. Redefine prioridades, cambia la forma de gestionar carteras, y subraya la importancia de construir la confianza con el cliente. Por eso, si la pregunta más formulada en EFPA Congress 2024 fue si podría la iA llegar a sustituir algún día el trabajo de un asesor financiero, hoy la pregunta clave es: ¿cómo integrar estas herramientas para potenciar verdaderamente el valor humano en la asesoría?

IA, uno de los ejes narrativos de EFPA Congress 2026

La respuesta a esta y otras muchas más preguntas se compartirán en EFPA Congress 2026, en Palma de Mallorca, con Marcus du Sautoy, matemático, escritor y divulgador —y que entrevistamos en el número 23— hablando sobre creatividad e inteligencia artificial, un área que conoce bien (ha participado en diversos comités tempranos sobre el impacto de la IA). También estará Álex Rayón, CEO de Brain & Code y experto en IA, quien pondrá el foco en el reto que enfrentan los asesores en particular.

A continuación, se desarrollará una mesa redonda que, moderada por José Miguel Maté, vicepresidente de EFPA España, sumará al debate las voces de Gonzalo Rengifo, Head of Iberia & LatAm – Pictet Asset Management; Silvia García Ledesma, Global Head of AI Special Projects – Group Vice President, en Banco Santander, y Carlos Alonso, director de Operaciones y Desarrollo de Negocio de Banca Privada en ABANCA.

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