En mi día a día realizo una labor casi de arqueología financiera: identificar esas US Small Caps (compañías estadounidenses de pequeña capitalización) que, por su tamaño, suelen pasar desapercibidas para el gran flujo institucional, pero que son los verdaderos engranajes de los cambios que vienen. Iniciamos un viaje en tres actos para descubrir dónde se esconde el valor real en este complejo 2026.
El cambio de paradigma: de los «bits» a los «átomos»
En este segundo trimestre de 2026, el mercado financiero ha dejado atrás la fase de especulación sobre el software de inteligencia artificial (IA) para entrar de lleno en la fase de despliegue de infraestructura física. La tesis de inversión que manejo para mis clientes ha mutado: el crecimiento del producto interior bruto (PIB) ya no solo depende del código, sino de la disponibilidad de energía barata y constante para procesar «tokens» (las unidades básicas de información que procesa un modelo de IA).
Como señaló Satya Nadella —CEO de Microsoft y líder indiscutible de la industria tecnológica— en el último foro de Davos: «El crecimiento económico de cualquier región estará directamente correlacionado con el coste energético de su computación». Los informes técnicos de abril de 2026 de BloombergNEF (BNEF) confirman que la inversión global en transición energética se ha recuperado hasta los 1,4 billones de dólares. Sin embargo, el capital no fluye por igual; se está desplazando desde proyectos de generación intermitente hacia activos de energía base (baseload) y gestión de red.
¿Por qué Small Caps y por qué ahora?
Invertir en estas «pequeñas joyas» industriales de EE. UU. ofrece en este momento una ventaja de alpha (rentabilidad por encima del mercado) frente a los gigantes tecnológicos por tres razones técnicas que monitorizo constantemente:
- Especialización en nichos críticos: mientras los grandes proveedores de nube compiten por el algoritmo más potente, las Small Caps dominan los componentes físicos esenciales: transformadores de alta eficiencia, sistemas de interconexión flexible y microredes.
- Agilidad regulatoria: la ley OBBBA (One Big Beautiful Bill Act), aprobada en julio de 2025, ha simplificado los trámites para proyectos de pequeña y mediana escala. Esto permite que estas empresas ejecuten contratos mucho más rápido que las grandes eléctricas tradicionales.
- Recuperación del crédito: la emisión de deuda para la transición energética ha vuelto a los niveles de 2023. Esto facilita que las Small Caps con balances sólidos financien su expansión operativa sin la dilución excesiva que vimos en años anteriores.
El trilema de PJM: el termómetro de la tesis
Para situarnos, PJM Interconnection es el operador de la red eléctrica más grande de EE. UU., coordinando el flujo en 13 estados (desde Illinois hasta Carolina del Norte). Debido a la presión energética de los centros de datos, Donald Trump —actual presidente de los Estados Unidos—, junto a un grupo bipartidista de 12 gobernadores, emitió en enero de 2026 un Statement of Principles (declaración de principios) para reformar este mercado.
Esta reforma prioriza la generación despachable (energía que se puede activar a voluntad), y aquí es donde mi «arqueología» identifica el valor real en tres subsectores de Small Caps:
I. Modernización de redes (grids): el sistema circulatorio
Si bien la propiedad de las grandes líneas está en manos de gigantescas utilities, la verdadera oportunidad para el inversor reside en la cadena de suministro y los servicios técnicos especializados. Las grandes eléctricas están subcontratando masivamente a Small Caps tecnológicas para modernizar una red saturada.
- El foco: buscamos empresas que fabrican transformadores de alta eficiencia y proveen sensores de monitorización térmica o software de gestión de carga. Sin estas «piezas de recambio» inteligentes, la red PJM no puede absorber los gigavatios que la IA exige.
- Dato de rigurosidad: según BloombergNEF, el gasto de capital (capex) en redes ha aumentado un 124 % respecto a los niveles de 2022. Es un flujo de caja que está yendo directo a los balances de estos proveedores especializados.
II. Energía nuclear y SMR: la «energía base» de la IA
La IA no puede depender de si hace sol o viento; necesita energía 24/7. Esto ha rehabilitado a la energía nuclear como el activo estrella de 2026.
- La tesis: identificamos Small Caps de servicios nucleares y desarrollo de SMR (Small Modular Reactors, o reactores modulares pequeños). Estas empresas permiten instalar capacidad de generación directamente junto a los centros de datos, sorteando los retrasos de la gran red nacional.
- Rendimiento: no es solo una promesa: el sector nuclear lideró los retornos en 2025, con un 122,9 % de rentabilidad acumulada.
III. Generación despachable (gas + CCUS) y BESS
Aquí es donde mi labor de «arqueología financiera» detecta el mayor arbitraje regulatorio. El marco de PJM para 2026 ofrece 15 años de certeza de ingresos a plantas que puedan activarse a voluntad (despachables) para proteger al consumidor.
- Gas y CCUS: el gas natural es hoy el «salvavidas» del sistema, pero, bajo la administración actual, se exige tecnología de captura, uso y almacenamiento de carbono (CCUS) para cumplir con los estándares de las Big Tech. Las Small Caps que proveen estos sistemas de filtrado de carbono son las que están validando la viabilidad del gas en la era de la IA.
- BESS como «puente»: los sistemas de almacenamiento de energía mediante baterías (BESS, por sus siglas en inglés) han dejado de ser un respaldo para convertirse en el habilitador crítico de la IA. Según los últimos reportes de BloombergNEF, los centros de datos están optando por sistemas de cuatro horas de duración como estándar preferido. Se estima que la demanda de almacenamiento para centros de datos podría añadir un 30 % adicional a la demanda anual de energía en EE. UU. entre 2026 y 2030. Las Small Caps que proveen estas soluciones on-site (en el lugar de consumo) permiten que los centros de datos operen incluso antes de tener una conexión oficial a la red, capturando márgenes premium por la urgencia del sector.
Riesgos: el «cisne negro» de 2026
No todo es un camino despejado. El principal riesgo sistémico es el cuello de botella de la interconexión física. Aunque existe un pipeline de 35.228 GWh en proyectos de almacenamiento anunciados, si la modernización física de las líneas de transmisión no se acelera al ritmo de las promesas federales, veríamos un estrangulamiento de la capacidad de cómputo que corregiría las valoraciones de todo el sector.
Nota para mis colegas de EFPA: mi labor es seguir separando el grano de la paja en este universo de compañías de pequeña capitalización. En el siguiente número, profundizaremos en el bloque 2: la robótica y el TaaS (Transport as a Service), o cómo la IA está empezando a mover objetos físicos en nuestras ciudades. Continuará…
Nota del autor: fuentes y metodología

