Iniciamos 2026 con un escenario económico y político marcado por una notable diversidad de tendencias: desde prometedores procesos de paz hasta la apertura de nuevos focos de conflicto en distintas regiones del mundo. Sin embargo, la incertidumbre —acérrima enemiga de la inversión— parece concedernos un respiro en aquellos contextos donde comienzan a vislumbrarse posibles desenlaces. Es el caso de la guerra de Ucrania, un conflicto respecto al cual numerosos analistas políticos coinciden en que 2026 podría convertirse en el año de su resolución.
Si algo nos ha enseñado la Historia es que, tras una guerra, la denominada reconstrucción de la paz se antoja como un amplio marco donde destinar provechosas inversiones financieras. Toda guerra supone un desastre, pero toda paz supone una oportunidad. Una oportunidad para crear una sociedad mejor, para implantar un régimen más democrático, para una reconciliación de las partes y, en el caso que nos ocupa, para destinar nuestras inversiones.
El precio de la reconstrucción
Según estimaciones recientes, el coste de la reconstrucción de Ucrania podría situarse en torno a los 486.000 millones de dólares. El país ha quedado prácticamente devastado por el conflicto, y su proceso de reconstrucción podría prolongarse durante aproximadamente una década. No obstante, no se trata de levantar un erial, sino de reconstruir un país europeo con aspiraciones reales de integrarse en la Unión Europea. De hecho, Ucrania obtuvo el estatus de país candidato en 2022 y existe una propuesta firme para que su adhesión se materialice el 1 de enero de 2027.
¿Es casual esa fecha? Evidentemente no. Los Estados miembros de la Unión Europea han planteado ese horizonte temporal porque existen indicios sólidos de que la guerra contra Rusia podría llegar a su fin a lo largo de este año 2026.
Es cierto que los procesos de alto el fuego, de armisticio, de zonas desmilitarizadas, de acuerdos y de negociaciones se pueden venir debajo de un día para otro. Pero todo hace indicar que las partes desean terminar el conflicto y que ansían sentarse a negociar y obtener, como es natural, las mejores condiciones para la paz.
¿Cómo está Ucrania?
Se trata de una pregunta muy fácil de contestar: destruida. Las guerras actuales no tienen como las de antaño el objetivo de matar a muchas personas, donde la victoria o derrota del ejército se constataba en base a los que quedaban en pie tras la refriega. En la actualidad se trata de desarmar al enemigo en sus capacidades operativas. Y eso se hace destruyendo sus infraestructuras y debilitando su economía de guerra. Así, los objetivos son puentes, carreteras, líneas ferroviarias, estaciones eléctricas, fábricas de producción industrial, centrales energéticas…Y en eso, Ucrania está muy mermada por la guerra.
Según la Escuela de Economía Kiev, en Ucrania hay actualmente 9.000 kilómetros de carreteras destruidas y cerca de 500puentes y pasos a nivel. Asimismo, toda la infraestructura ucraniana de vivienda, transporte y energía se encuentra al borde de la destrucción total. Según el Banco Mundial y la ONU, solamente en viviendas el coste de reconstrucción ascendería a 70.000 millones de dólares. Y por dar otro dato alarmante de cara a las generaciones futuras, durante la guerra se han destruido unos 3.500 centros educativos en todo el país.
Además, hay que tener en cuenta que en los 10 años que se estima que dure la reconstrucción de Ucrania no se trata simplemente de “rehacer”, sino que se llevará a cabo la política denominada “Build Back Better” (reconstruir mejor), enfocándose en una construcción del país buscando una mayor resiliencia y sostenibilidad, aplicando los criterios más innovadores de cada sector.
Economía de Ucrania: unos apuntes
Unos datos para entender qué tipo de economía es la ucraniana tratando de abstraernos de su situación de guerra. Primero hay que decir que hablamos de un país muy grande en cuanto a extensión (603.628 km2), que lo convierte en el segundo más grande de Europa y el 45º del mundo. Y aunque todo parece indicar que la paz con Rusia implicará perder territorios, seguirá siendo un país con una extensión muy por encima de la media europea. Y a toda esa extensión habrá que dotarla de infraestructuras.
Por otro lado, posee una población de unos 41 millones de habitantes, según estimaciones de Trading Economics, siempre teniendo en consideración los estragos que sigue haciendo la guerra y que hasta que finalice no se podrán cuantificar. Esa población, no deja de ser un mercado que necesitará abastecimiento y recursos, algo que la economía deberá satisfacer.
Crecimiento tras el (hipotético) final de la guerra
Si en enero de 2026 la guerra llegase a su fin, las estimaciones apuntarían a un crecimiento del PIB de Ucrania del 5% respecto al ejercicio anterior, acompañado de una tasa de inflación cercana al 7,5%. Es cierto que estos datos se ven distorsionados por la situación bélica, pero, incluso en el peor de los escenarios, no dejan de ser cifras significativas para el análisis económico del país.
Cabe señalar que, en 2023, Ucrania se incorporó al Sistema de Integración del Mercado Único, un movimiento promovido por la Unión Europea tanto para apoyar al país en el contexto del conflicto como para allanar el camino hacia su futura integración en la UE. Los analistas coinciden en que Ucrania aún está lejos de cumplir los criterios de convergencia económica necesarios para acceder a la Unión, y que sería imprescindible implementar profundas reformas políticas internas, especialmente en los ámbitos judicial y constitucional, tal como exigiría Bruselas.
No obstante, lo que nos interesa destacar aquí es que, al formar parte del Mercado Único, Ucrania abre sus fronteras a las empresas europeas, lo que representa una clara oportunidad de negocio.
Sectores clave para la reconstrucción
Como se ha señalado anteriormente, la reconstrucción de Ucrania deberá ser prácticamente total, si bien existen sectores estratégicos en los que la inversión resultará especialmente determinante. En primer lugar, destacan las infraestructuras y la construcción, que abarcan desde viviendas, carreteras y puentes hasta hospitales y centros educativos. En el ámbito energético, será imprescindible modernizar las redes eléctricas, incorporando modelos de mayor eficiencia y orientando el sistema hacia las energías renovables, especialmente la eólica y la solar.
Finalizado el conflicto, Ucrania necesitará contar con sólidas garantías de seguridad, lo que exigirá inversiones significativas en el rearme y la modernización de sus sistemas de defensa, más aún en un contexto de paz frágil y fronteras potencialmente inestables. Asimismo, las exigencias del mundo actual hacen indispensable apostar por infraestructuras de comunicación avanzadas, ciberseguridad, digitalización y desarrollo tecnológico. Todo ello deberá ir acompañado del fortalecimiento del sector servicios, clave para dinamizar la economía interna, con especial protagonismo de actividades como la logística, la banca y los seguros.
Empresas con proyección en Ucrania
Una vez identificados los sectores prioritarios para la inversión en Ucrania, el siguiente paso consiste en determinar qué empresas están mejor posicionadas para adjudicarse los contratos derivados del proceso de reconstrucción. Aunque la Unión Europea aspirará a desempeñar un papel protagonista, resulta evidente que Estados Unidos partirá con una posición de ventaja en términos de beneficios potenciales.
En este contexto, las empresas estadounidenses con mayores probabilidades de obtener contratos relevantes —y, por tanto, de generar retornos significativos— pertenecen principalmente a los sectores de la construcción, la energía y la defensa, entre otros. Destacan, para el inversor, compañías como Lockheed Martin, Raytheon, Baker Hughes, Bechtel, GE Vernova, Halliburton, Holtec, Invenergy o NuScale Power, todas ellas cotizadas en los mercados estadounidenses, con índices de referencia como el Nasdaq. El inversor puede anticipar un potencial significativo de revalorización a medida que se formalicen los contratos necesarios para la reconstrucción del país. Posicionarse con antelación permitiría acceder a estas oportunidades antes de la confirmación de los acuerdos de paz y de las licitaciones correspondientes.
Y entre las europeas destacan…
Para quienes prefieran el mercado europeo, también existen compañías bien posicionadas para participar en la reconstrucción de Ucrania y beneficiarse de contratos de gran envergadura. Entre ellas destacan las alemanas Siemens, Rheinmetall y Thyssenkrupp; las francesas Thales; las británicas BAE Systems; o incluso firmas turcas como Atlas Global Energy.
En el caso español, el inversor debería prestar atención a empresas de construcción e infraestructuras como ACS, Acciona, Ferrovial, Cobra, Gaptek, Typsa o Sacyr. Asimismo, conviene considerar a las compañías agrupadas en ANMOPYC, la Asociación Española de Fabricantes de Maquinaria y Equipo para Construcción, Obras Públicas y Minería, un sector especialmente demandado en Ucrania y de interés estratégico por sus yacimientos y su potencial minero. El acero volverá a desempeñar un papel clave en el proceso de reconstrucción, por lo que será fundamental seguir de cerca a ArcelorMittal, así como a empresas vinculadas a la ingeniería y la industrialización, como TPF, Prointec o Industrias Leblan.
Posicionarse, la mejor decisión
Las oportunidades de negocio y de obtención de beneficios ya no son un secreto; lo verdaderamente diferencial es saber identificar el momento adecuado. Vivimos, sin duda, en un mundo en el que cualquier acontecimiento inesperado —como demuestra el caso de Venezuela— puede reconfigurar de forma inmediata el panorama económico, financiero y político y, por extensión, el comportamiento de los mercados bursátiles. No obstante, también es cierto que disponemos de determinadas señales que permiten anticipar, con mayor o menor grado de acierto, la evolución de algunos procesos.
A título personal, considero que 2026 será el año en el que se alcance la paz en Ucrania o, al menos, en el que se esté sensiblemente más cerca de lograrla. En cualquier caso, las empresas ya se están posicionando en la línea de salida para ocupar los mejores lugares en la adjudicación de los contratos vinculados a la reconstrucción del país.
Se trata de contratos que, dada la magnitud de la tarea pendiente, los fondos destinados a la reconstrucción y el potencial económico de Ucrania, pueden generar beneficios nada desdeñables para el inversor. Posicionarse en este momento puede otorgar una ventaja competitiva en los mercados financieros, ya que, una vez se hagan públicos los acuerdos de paz y las licitaciones correspondientes, es previsible que las cotizaciones de las empresas adjudicatarias experimenten fuertes revalorizaciones. Entonces, quien no haya entrado con antelación habrá llegado tarde. En este contexto, la estrategia de inversión se asemeja a una máxima bien conocida: quien da primero, da dos veces.

