Tomar conciencia del magnífico momento de los mercados bursátiles en los últimos años es el primer paso para asumir los riesgos futuros. El endeudamiento de las grandes tecnológicas, la inflación y la geopolítica tendrán mucho que decir en los próximos meses. La excepcionalidad del momento nos deja también una gran lección: no se puede ignorar la renta variable para generar rentas futuras… y presentes. ¿ Y ahora qué? Un análisis de Rafael Rubio y tema de portada del número 25 de Asesores Financieros EFPA.
En el mundo de la inversión, vivimos momentos excepcionales de rentabilidad, difícilmente comparables con otros periodos de la historia económica moderna. A la sombra del desarrollo de la inteligencia artificial y también, en menor medida, de la recuperación de algunos valores, como los bancarios, muy castigados en otro tiempo, los principales índices bursátiles baten récord sobre récord de cotización. Los inversores aumentan sus ganancias, como pocos podían imaginar. No hay guerras, olas de calor, ni polarización e inestabilidad política que le pongan freno al continuo crecimiento de unos mercados que acumulan unos resultados de ensueño en los últimos tres años y medio.
42 meses y sumando
La rentabilidad obtenida en los 42 meses que van desde el 30 de diciembre de 2022 al 30 de junio de este año ha incrementado de manera importante los beneficios de aquellos que apuestan por la renta variable frente a los más conservadores que, con el principal propósito de mantener el valor de su patrimonio, suelen optar por activos bancarios o de renta fija.
De esta forma, la diferencia entre ambos tipos de ahorradores/inversores se ha agrandado de manera importante en los últimos tres años y medio, aunque los datos más recientes de las Cuentas Financieras del Banco de España no muestren con detalle esa creciente sima: la riqueza financiera de las familias españolas marcó un récord de 2,66 billones de euros en el primer trimestre del actual ejercicio. Ello fue consecuencia de la revalorización de las acciones y los fondos de inversión, que en los últimos doce meses aumentaron 261.000 millones de euros.
Esta situación ha dado lugar también al crecimiento, como no se había visto nunca, del colectivo de ricos y superricos, lo que ha obligado a las entidades financieras a reconsiderar su estrategia de banca privada y ha convertido el ranking de multimillonarios de Bloomberg (ver apoyo en el número 25) en una carrera sin límites.
Por fin, el IBEX 35®
Para encontrar esas históricas rentabilidades en las carteras no hay que viajar mucho. El principal índice de la bolsa española, el IBEX 35®, se ha comportado en estos últimos tres años y medio como uno de los más rentables de todo el planeta. Su rentabilidad en ese corto periodo, teniendo en cuenta los dividendos repartidos hasta el primer semestre de este año, fue del 145%. Ello significa que una inversión de 10.000 euros a finales de 2022 se habría convertido, 42 meses después, en 24.500 euros aproximadamente, suponiendo la reinversión de todos los dividendos. El inversor que en estos últimos tres años y medio se haya mostrado fiel al IBEX 35® habría multiplicado por 2,45 la inversión realizada. Nunca se habían dado 42 meses tan fértiles en la bolsa española.
En el caso español, tan espectacular crecimiento se debe en buena parte a los valores bancarios, no solo gracias a su creciente cotización, sino también a los dividendos y la recompra de acciones, que suelen ser una buena remuneración para los accionistas. Algún valor bancario español llegó a cotizar como si se tratara de un auténtico valor tecnológico estadounidense con avances de tres dígitos.
¿Y ahora qué? Las Siete Magníficas
Pero la excepcionalidad de ese periodo de máximos bursátiles y magníficas ganancias para los inversores no habría sido posible sin tener en cuenta el fenómeno de la inteligencia artificial y el gran impulso de las grandes empresas tecnológicas estadounidenses. Las conocidas como Siete Magníficas han sido las impulsoras del S&P 500 y en buena parte del resto de los índices de los mercados mundiales, pese a que los valores no estuvieran relacionados con la IA, como en el caso español.
Han sido los valores, las empresas y los grandes empresarios del sector tecnológico los verdaderos protagonistas del excepcional momento que vivimos, como en otro tiempo fue el auge del ferrocarril o del automóvil. En solo tres años y medio y hasta el primer semestre de este ejercicio, las siete grandes empresas tecnológicas estadounidenses han tenido una revalorización extraordinaria. Si un inversor hubiera puesto la misma cantidad en cada una de ellas al cierre de 2022, sin dividendos, la cartera habría obtenido aproximadamente un 366,5% de rentabilidad acumulada.
Es decir, 10.000 dólares se habrían convertido en 46.650, lo que significa multiplicar el capital por 4,66 en solo 42 meses. Pero la revalorización habría sido unas tres veces y media mayor si aquellos 10.000 dólares los hubiésemos invertido solo en NVIDIA, fabricante de la gran mayoría de los chips que hacen funcionar la inteligencia artificial. En tal caso, habríamos obtenido una rentabilidad del 1.272% en ese mismo periodo.
Minoristas al ataque
Sin embargo, las extraordinarias expectativas creadas por la inteligencia artificial a partir del 30 de noviembre de 2022, cuando el ChatGPT se abrió al mundo, no habrían sido suficientes para que se desatara tal euforia en los mercados bursátiles de no contar con otro gran protagonista: el inversor minorista.
Solo la llegada a las bolsas de inversores que hasta entonces no se habían sentido atraídos por la renta variable y la decisión de los inversores habituales de incrementar sus apuestas, pese a los muchos riesgos que, de forma continua, han acompañado la evolución de los mercados, pueden explicar lo ocurrido.
Solo la llegada a las bolsas de inversores que hasta entonces no se habían sentido atraídos por la renta variable y la decisión de los inversores habituales de incrementar sus apuestas, pese a los muchos riesgos que, de forma continua, han acompañado la evolución de los mercados, pueden explicar lo ocurrido.
En las bolsas estadounidenses, centro mundial de la renta variable, el pasado 12 de junio se registró el mayor volumen de compras netas de inversores particulares en un solo día jamás observado en Citadel, plataforma líder de los inversores minoristas en EE. UU. para realizar sus operaciones. Superó el récord anterior ¡en un 50%! Según datos de la propia Citadel, el 50% de los hogares estadounidenses con menores ingresos (tradicionalmente el segmento menos inversor) posee hoy más de 615.000 millones de dólares en acciones y fondos de inversión, un máximo histórico.
Europa, otra velocidad
El mayor protagonismo de los inversores minoristas en los mercados de capitales, pese a los magníficos resultados obtenidos en sus bolsas, especialmente en la española, apenas fue secundado en Europa. Los responsables de las principales bolsas de la Unión claman por la llegada de más inversores minoristas y por la vuelta de aquellos que, como en nuestro país, decidieron un día escuchar los cantos de sirena del sector inmobiliario (ver entrevista con Juan Flames, CEO de BME).
Los hogares españoles, que tienen algo más de un billón de euros en cuentas de ahorro y depósitos a plazo (casi 12 billones en la UE), vieron aumentar su patrimonio en el primer trimestre del pasado año (según los últimos datos del Banco de España) gracias, fundamentalmente, al incremento del precio de la vivienda y no al rendimiento de los activos financieros, que durante muchos meses atravesaron un periodo excepcional.
Con el inicio del ejercicio actual y, según los datos del Banco de España recogidos en su Informe trimestral de la economía española (marzo de 2026), se empezó a observar una tímida apuesta por la renta variable, a través del crecimiento de las aportaciones a los fondos de inversión.
Minoristas, el doble desde 2019
A pesar de todo, a escala mundial la participación de los inversores minoristas en los mercados casi se ha duplicado desde 2019 y, aunque hoy este tipo de inversor está mucho más informado que antaño, gracias a un mayor acceso a diversas fuentes de información, su abrumadora participación confiere al fenómeno que vivimos un cierto riesgo. Muchos de los inversores no habituales en renta variable han llegado a este mercado atraídos por las fuertes rentabilidades y por el sesgo de rebaño. Este colectivo suele ser el más perjudicado cuando se produce un cambio de ciclo y el color de los mercados torna al rojo, porque ignora que la volatilidad es una de las características inherentes a unas bolsas con comportamientos como los actuales. Y, cuando se rompen las tendencias… los recortes son brutales.
Como si quisiera responder a las cuestiones que esta revista les planteó, unas semanas antes, a reconocidos expertos para elaborar este reportaje, el Banco Central Europeo (BCE) hizo público un análisis el 17 de agosto pasado advirtiendo del riesgo que supone en estos momentos la inversión en inteligencia artificial.
La advertencia parecía más que pertinente.
¿Y ahora qué? El BCE advierte
Apenas dos semanas antes, los inversores hicieron una clara demostración de desprecio del riesgo en medio de unas guerras en Oriente Medio y en Europa que se agravaban, con el temor de una burbuja de la inteligencia artificial y el aumento de la inflación. Ignorando todo ello, los inversores absorbieron 4.000 millones de dólares de bonos de alto rendimiento en cinco días, lo que representaba el mayor aumento en un periodo tan corto en los últimos dos años. Además, los fondos cotizados en bolsa de Bitcoin recaudaron 500 millones de dólares en las mismas cinco sesiones. Por supuesto, la inversión en acciones de renta variable vivió también jornadas de gloria.
Según el BCE, los hogares de la zona euro acumulan 440.000 millones de euros en acciones tecnológicas de empresas de Estados Unidos a través, fundamentalmente, de fondos indexados y fondos cotizados (ETF). En su análisis concluye que los hogares europeos no son del todo conscientes del alto grado de concentración que existe y del riesgo que ello supone si se produjera una corrección brusca del mercado.
Supervisores preocupados por valoración excesiva
Los supervisores financieros europeos se muestran especialmente preocupados por los niveles extraordinarios de valoración que han llegado a alcanzar la mayor parte de las empresas tecnológicas estadounidenses. Y para mostrar esa excesiva valoración recurren a analizar los escasos beneficios de esas compañías. Algunas de ellas, es verdad, tienen un margen de beneficio que supera el 50%, como es el caso de NVIDIA, pero la mayoría se mantienen en pérdidas desde su creación, aunque, eso sí, con grandes expectativas si se cumplieran los planes que han presentado y que el mercado, en general, parece refrendar.
Con el mismo guion que nos habíamos trazado para el desarrollo de este reportaje, el BCE recuerda que otras revoluciones tecnológicas, como el ferrocarril, la electricidad o internet, produjeron enormes mejoras económicas con fases de auge bursátil a las que siguieron importantes caídas. No incluye el informe del BCE que después de esos periodos de crecimiento de la riqueza personal para muchos y de grandes valoraciones empresariales se produjeron profundas crisis como la Larga Depresión de 1873, la Gran Depresión de 1929, y graves problemas sociales y económicos. Es verdad, sin embargo, que algunos expertos comienzan a hablar de “recesión controlada” en su convencimiento de que ahora existen herramientas para evitar los muy dañinos efectos de aquellas crisis en siglos pasados.
Una base relativamente sólida
Para Santiago Carbó, catedrático de Economía de CUNEF Universidad, “toda fase prolongada de fuertes revalorizaciones exige cautela porque aumenta el riesgo de valoraciones excesivas en algunos segmentos. Sin embargo, las grandes recesiones suelen producirse por desequilibrios macroeconómicos o financieros profundos, no únicamente por unas bolsas caras. Mi principal preocupación sería una combinación de tensiones geopolíticas persistentes, inflación más elevada y un endurecimiento excesivo de la política monetaria”. Mariano Arenillas, responsable para Iberia de DWS, señala que la historia nos dice que los mercados alcistas suelen terminar cuando aparece una recesión, no simplemente porque el ciclo lleve muchos años en marcha. Ese, hoy, no es nuestro escenario central. La actividad económica y los beneficios empresariales siguen mostrando una base relativamente sólida.
Muchas incertidumbres
Sin embargo, en el mercado existe tanta expectación como incertidumbre. Cuando esta revista ha solicitado la opinión de un seleccionado grupo de expertos sobre un posible cambio de ciclo y los riesgos que ello supondría, la mayor parte de ellos han preferido eludir las respuestas. Los que han respondido se muestran convencidos de que no estamos todavía en un cambio de ciclo, aunque no dejan de subrayar los riesgos e incertidumbres que los mercados han de afrontar, al menos, hasta fin de año.
“El escenario se ha vuelto más exigente -afirma Santiago Carbó-. La IA ha generado expectativas muy elevadas, exageradamente elevadas, y es lógico que el mercado empiece a exigir rentabilidad efectiva de las enormes inversiones en centros de datos y semiconductores. A ello se suma un entorno de tipos menos acomodaticio y una mayor incertidumbre geopolítica y política en EE. UU. Todo ello puede aumentar la volatilidad y provocar correcciones, aunque no implica por sí mismo un cambio estructural o radical de tendencia”.
Mariano Arenillas coincide con el diagnóstico anterior al señalar que “hay tres variables que estamos vigilando muy de cerca: la evolución de la inversión en inteligencia artificial, la inflación y los riesgos geopolíticos. Si alguno de esos factores se deteriorara de forma significativa, el impacto sobre el crecimiento y sobre el sentimiento de los inversores podría ser relevante”. Para Arenillas, es cierto que los riesgos han aumentado, pero no aprecia una señal de cambio de ciclo, aunque es posible que las bolsas respondan con más sensibilidad a las sorpresas que puedan producirse.
Preocupación
La gran preocupación gira sobre el debate de si los cientos de miles de millones de dólares que se van a gastar en los centros de datos de IA realmente darán sus resultados y cuántas compañías saldrán como perdedoras de este esfuerzo y tendrán dificultades para cumplir sus compromisos financieros.
Todas las empresas han señalado un aumento de los planes de gasto durante sus recientes informes de ganancias, generalmente citando la necesidad de capturar la demanda masiva de potencia informática de IA.
Alphabet y Amazon han tenido un flujo de caja libre negativo, y se espera que Meta siga pronto esa senda. NVIDIA está buscando una nueva ronda de acuerdos de infraestructura de IA que potencialmente valen más de 750 mil millones de dólares, incluidas las conversaciones para respaldar el arrendamiento de capacidad informática de OpenAI en el centro de datos de IA de 500 mil millones de dólares planeado por SoftBank en Ohio.
¿Y ahora qué? Algunas advertencias
Pimco ha sido una de las voces más fuertes que advierten de los riesgos en los mercados de deuda privada y los billones de dólares que se vierten en la IA. Pero una empresa de 2,3 billones de dólares no puede simplemente quedarse al margen de los mega acuerdos más grandes en el mercado de la deuda, por lo que está asumiendo el problema con la mayor prudencia. El director de inversiones, Dan Ivascyn, reunió recientemente a un equipo de 30 a 40 personas específicamente para supervisar las apuestas de infraestructura de IA de la empresa, y firma personalmente cada acuerdo. Los ejecutivos de Pimco dicen que, si bien son conscientes de los riesgos que implica apostar por una tecnología incipiente, han descubierto cómo mitigarlos.
En los primeros días del pasado septiembre, trascendió que la mesa de negociación de JP Morgan decidió adoptar una visión “tácticamente cautelosa” sobre las acciones estadounidenses. También sobre las compañías tecnológicas.
La incertidumbre y el miedo a una burbuja perseguirán durante muchos meses todavía al sector tecnológico por su endeudamiento en un momento en el que los mercados se sienten especialmente inquietos por la deuda soberana, especialmente de Japón y Estados Unidos, dos de los siete países más endeudados del planeta respecto a su PIB.
Sin duda, las grandes instituciones deberán redoblar sus esfuerzos para advertir de los riesgos de la situación actual para los inversores. Difícil, pero necesario empeño, en medio de un periodo de incremento de ganancias gracias a unas bolsas cuyos comportamientos similares solo pueden encontrarse en los libros de historia.

