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Sanae Takaichi, la heredera de la historia de un país que quiere volver al tablero

La confianza -y acierto- de Sanae Takaichi al anticipar las elecciones para consolidar su mandado ilustra la visión que quiere insuflar la primera ministra, porque, como ella, Japón quiere ser dueño de su propia narrativa económica.

Nacida en 1961 y alineada con el ala más conservadora del PLD, Sanae Takaichi es heredera de Shinzo Abe pero, sobre todo, es hija de su tiempo: el de un Japón estancado. Cuando estudia economía y entra en política, Japón se encuentra en su “década perdida”, el período de estancamiento económico que Japón sufrió durante los años 90, tras el colapso de la burbuja financiera y de bienes raíces a finales de los 80. Una amarga semilla que explica su visión política.

En la práctica, Takaichi no es solo una apuesta de continuidad respecto a Abe, su ‘padre político’, sino también un cambio sutil dentro del establishment japonés. Ha recorrido su particular y silencioso “viaje del héroe” hasta convertirse en la primera mujer en asumir la jefatura del Gobierno, rompiendo -simbólicamente, eso sí- las costuras del sistema sin salir de él.

Margaret Takaichi o Sanae Thatcher

Es una anomalía que se coloca como referente, como Margaret Thatcher: ambas mujeres, conservadoras y con visión de liderazgo fuerte. Aunque con matices importantes: en el caso de Takaichi, con mayor énfasis en la intervención estatal y en una agenda nacionalista y estratégica que refleja su visión más ideológica del papel del Estado en la economía japonesa.

Como cualquier otro movimiento, la reválida anticipada de Takaichi ha generado su “Takaichi Trade”, alimentado por el aumento de los índices bursátiles japoneses (como el Nikkei 225) tras la victoria y la percepción de que su agenda económica (estímulos fiscales, posibles reducciones de impuestos y apoyo a sectores estratégicos) puede beneficiar a ciertos activos financieros.

Lo cierto es que uno de los inversores que ya se ha beneficiado es Warren Buffett, quien, desde 2019, a través de Berkshire Hathaway, ha invertido en las cinco grandes casas comerciales japonesas (Mitsui, Mitsubishi, Itochu, Marubeni y Sumitomo), viendo valor a largo plazo en empresas diversificadas y sólidas. Buffett no compró Japón por Takaichi. Pero su llegada refuerza la narrativa de estabilidad que respalda el estilo Buffett, como ya hemos abordado en más de una ocasión en la revista. Él compró cuando Japón era invisible; ella llega cuando Japón quiere ser visible.

Sin embargo, hay que mirar también más allá del rally inmediato. El trasfondo estructural de Japón es complejo, con una deuda pública que supera con holgura el 200 % del PIB, con una base demográfica que se contrae y con una productividad que no despega.

Una cosa es segura: Japón se posiciona como un jugador estratégico en el tablero financiero, capaz de articular su propia narrativa, y Takaichi puede ser —el tiempo lo dirá— la arquitecta con mano de hierro que guía ese proceso.

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