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La deuda soberana, bajo presión ante la competencia de la IA y el temor a tipos más altos

El repunte de la inflación y la incertidumbre geopolítica están llevando a los inversores a exigir mayores rentabilidades a la deuda ante la expectativa de tipos de interés más altos durante más tiempo.

El momento actual combina varios factores que están ejerciendo presión sobre los mercados de bonos. Por un lado, observamos ventas en la deuda soberana, especialmente en la estadounidense y en los activos denominados en dólares, que han perdido parte de su atractivo. Por otro, la oferta de nuevas emisiones se ha disparado y los títulos públicos tienen que competir con otras alternativas privadas para captar el interés de los inversores. Este movimiento se está trasladando progresivamente a otros mercados, especialmente a Europa, donde puede afectar con mayor intensidad a los países que generan menor confianza por distintas razones, con Francia como uno de los casos más expuestos en estos momentos.

Esta mayor competencia por el capital se explica, en buena medida, por el fuerte volumen de emisiones de las grandes compañías tecnológicas, que están recurriendo al mercado para financiar sus inversiones en inteligencia artificial. Al mismo tiempo, unas perspectivas de inflación más elevadas llevan a los inversores a exigir mayores rendimientos ante la posibilidad de nuevas subidas de los tipos de interés oficiales.

A partir de aquí, anticipar hasta dónde pueden llegar las rentabilidades resulta especialmente complejo. Su evolución dependerá de varios factores que hoy presentan un grado elevado de incertidumbre: el comportamiento de la economía, el desarrollo de los conflictos actualmente abiertos, la evolución de la inflación, el volumen de deuda alternativa que siga llegando al mercado para financiar las inversiones en inteligencia artificial y la confianza que generen los niveles de endeudamiento de los diferentes países.

Impacto en el inversor conservador, empresas y particulares 

Para los inversores, en cualquier caso, el efecto ya es visible. Las carteras con una presencia elevada de renta fija se están viendo afectadas negativamente por el aumento de las rentabilidades y la consiguiente presión sobre el precio de los bonos.

La renta variable, por ahora, está mostrando una mayor resistencia, aunque tampoco permanece al margen de estos riesgos. Su evolución dependerá, entre otros factores, de los rendimientos que terminen generando las fuertes inversiones realizadas en inteligencia artificial y de cómo evolucionen las perspectivas sobre la economía.

Al mismo tiempo, el actual escenario introduce un elemento distinto para el ahorrador más conservador. Estamos volviendo a encontrar rendimientos reales positivos, es decir, tipos nominales o de mercado superiores a la inflación. En horizontes de medio y largo plazo, se trata de una situación poco habitual durante los últimos años.

Esto no significa, sin embargo, que podamos determinar si las condiciones actuales serán mejores o peores que las que encontremos dentro de unos meses o unos años. Precisamente por esa incertidumbre, para un inversor minorista con una parte muy elevada de su cartera en renta fija, la primera reflexión debería ir más allá del momento concreto del mercado.

Analizar primero para actuar después

Antes de decidir cómo actuar, probablemente convendría analizar con su asesor financiero si sus características personales como ahorrador e inversor justifican realmente un objetivo tan conservador. Esta es, a mi juicio, la cuestión principal, porque sabemos que una parte importante de las carteras conservadoras podría plantearse asumir algo más de riesgo, siempre desde una perspectiva de medio y largo plazo y de acuerdo con las circunstancias de cada inversor.

Por último, el aumento de las rentabilidades de la deuda no se limita a las carteras de inversión. También tiene consecuencias sobre la financiación de la economía. Si las empresas deben emitir deuda o financiarse a tipos más elevados, aumentan sus costes financieros. Y este encarecimiento del dinero acaba afectando igualmente a los particulares.

Por tanto, lo que estamos viendo en el mercado de bonos trasciende la evolución de una única clase de activo. La combinación de inflación, incertidumbre geopolítica, fuertes necesidades de financiación y una mayor competencia entre deuda pública y privada está modificando tanto las decisiones de los inversores como las condiciones a las que se financian Estados, empresas y particulares.

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