La bolsa ha sido tradicionalmente un mercado autorregulado. Las sociedades rectoras de las bolsas velan por el buen funcionamiento de los mercados. En este ámbito, bien podría plantearse un organismo rector del asesoramiento financiero, encargado del registro y la supervisión de los asesores en colaboración con la CNMV. Este organismo velaría por la cualificación profesional y la calidad del asesoramiento, y aportaría coherencia a una regulación sectorial hoy fragmentada.
En la actualidad, la normativa regula de forma separada el asesoramiento en materia de inversión, crédito y seguros. En determinados ámbitos el asesoramiento es obligatorio, como sucede con la hipoteca inversa o en materia de deudas. Existe una creciente confluencia regulatoria. El sistema MiFID se ha convertido en la referencia, al distinguir entre asesoramiento independiente y no independiente y someter a control los incentivos.
Una arquitectura que conecte mercados y ahorra
Un organismo rector del asesoramiento financiero podría colaborar con las autoridades financieras en la llevanza del registro de profesionales cualificados e impulsar el desarrollo ordenado de la actividad. Necesitamos una arquitectura de supervisión de segundo nivel que facilite la conexión entre el ahorro y los mercados. La generación de confianza en la Unión de Ahorros e Inversiones constituye un bien público que debe protegerse. En este contexto, el asesoramiento financiero adquiere una relevancia estratégica.
Estas ideas están presentes en el reciente discurso de Carlo Comporti, comisario de la CONSOB, la autoridad italiana del mercado de valores, pronunciado en la apertura del acto de presentación del informe anual del Organismo de Supervisión y Gestión del Registro Único de Asesores Financieros (OCF). En Italia existe, por tanto, un organismo rector de los asesores financieros cuyo valor reconoce expresamente la CONSOB. Bajo su supervisión, la profesión ha reforzado sus estándares de acceso y formación, con un notable incremento del número de aspirantes, un alentador relevo generacional y una mayor presencia femenina. Según Comporti, «la calidad de los asesores determina la calidad del mercado y constituye una garantía de la confianza». Además, la experiencia del OCF en la gestión de datos podría permitirle desempeñar un papel relevante en la implantación del Punto de Acceso Único Europeo (ESAP), destinado a centralizar la información financiera, no financiera y sobre sostenibilidad relevante para los inversores y los mercados.
Del ahorro a la inversión productiva
Las recientes reformas pretenden canalizar el ahorro hacia el crecimiento y la innovación. Un inversor protegido y bien informado es un inversor con la confianza necesaria para asumir los riesgos del mercado y buscar una rentabilidad para sus ahorros. Para Comporti, el asesor financiero «contribuye a superar tanto una aversión excesiva al riesgo como un exceso de confianza del inversor en sus propias capacidades». La proliferación de finfluencers puede desorientar a las personas de mayor edad y alimentar el exceso de confianza de los jóvenes. «En ambos casos, el acompañamiento de un profesional y el avance de la educación financiera representan la barrera más eficaz frente a la desinformación y los cantos de sirena de la rentabilidad fácil», afirma Comporti.
La Estrategia de Inversión Minorista, con el principio de value for money, se centra en la relación entre el precio satisfecho y el valor efectivo que recibe el cliente. Se trata de pasar de una protección formal a una protección sustantiva, basada en lo que el cliente comprende realmente y en el resultado que puede obtener. En opinión de Comporti, esta transición confirma la relevancia de la función del asesor, dado que «convierte la complejidad en comprensión».
El apoyo de la tecnología
Según Carlo Comporti, la transformación digital «debe entenderse no como una amenaza, sino como una herramienta de apoyo y una oportunidad». La tecnología facilita las tareas administrativas y permite dedicar más tiempo a la relación con el cliente, ofrecer un trato más personalizado y reducir los costes de acceso al asesoramiento. La inteligencia artificial y la automatización están transformando el proceso de asesoramiento. Sin embargo, la tecnología no desplaza la responsabilidad profesional. La función del asesor consiste en interpretar el creciente volumen de datos y convertirlo en decisiones conscientes. «Este es el espacio insustituible del asesor financiero, basado en una relación de confianza construida sobre la profesionalidad, el conocimiento y la ética en el comportamiento», señala Comporti.
Reflexión final
Vivimos un cambio tecnológico acelerado, acompañado de cambios regulatorios y políticas de simplificación. Pero simplificar no es desregular. En este entorno, la función del asesor adquiere una dimensión estratégica como generador de confianza. Necesitamos estándares rigurosos de cualificación y una aplicación coherente de la normativa sectorial. Los propios asesores, a través de sus organizaciones de representación profesional, son quienes mejor pueden contribuir a alcanzar estos objetivos.
Fernando Zunzunegui, de Zunzunegui Abogados, coordinadores legales de EFPA España.

