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Eli Lilly le come la merienda a Novo Nordisk

Eli Lilly ha adelantado a Novo Nordisk en el lucrativo negocio global de los fármacos contra la obesidad. La eficacia superior de sus tratamientos y su creciente cuota en EE. UU. han dado la vuelta al mercado, mientras la danesa encadena tropiezos, pierde terreno y afronta un año crítico. Lo analiza Vicente Varó en el número 22 de Asesores Financieros EFPA.

Sintió el mareo e intentó ocultarlo. “¡Vaya momento!”, debió de pensar. Estaba a solo un metro de Donald Trump, en pleno Despacho Oval, mientras el CEO de su gran rival, Eli Lilly, presumía de logros y anunciaba ante la prensa un acuerdo histórico para los fármacos antiobesidad. Pero no pudo más. El ejecutivo de Novo Nordisk dio un paso corto, se tambaleó, dio otro y se desplomó. En directo, con las principales televisiones del mundo grabándolo… Tierra, trágame.

Un desmayo en tiempo real, el de Gordon Findlay, director de marca global de la farmacéutica danesa, muy “sintomático”: “Fue bastante representativo del año tan malo que ha tenido esta compañía”, reflexiona Miriam Fernández, gestora del fondo Ibercaja Sanidad.

Novo Nordisk: al suelo… su cuota de mercado

La acción de Novo Nordisk pierde más de un 50% en 2025 y aún más desde sus máximos en verano de 2023. Quién iba a imaginar que la acción caería hasta las 300 coronas danesas cuando había llegado a superar las 1.000 en verano de 2024. ¡Plof! Como su cuota de mercado en el negocio multimillonario del momento.

Hace un año dominaba claramente el mercado de los compuestos contra la obesidad con sus marcas Ozempic y Wegovy. Pero el rey danés ha perdido la corona. En EE. UU., el principal mercado, se ha desplomado hasta el 41,7%. Le ha superado, como una exhalación, la compañía liderada por la persona que hablaba ante los micros mientras Gordon Findlay se desplomaba: Eli Lilly, que roza el 58% del mercado. Del gran mercado.

Un mercado muy gordo

Porque, mientras la inteligencia artificial desvía todos los focos hacia los chips y los centros de datos, también están ocurriendo grandes avances para la humanidad en el mundo de los fármacos contra la obesidad. “Un mercado que se espera alcance los 300.000 millones de dólares en ventas anuales para finales de la década”, según Martina Álvarez, directora para Iberia de Janus Henderson.

Según datos de Novo Nordisk, 900 millones de personas viven con obesidad en el mundo y solo el 1% reciben tratamiento con medicamentos. Además, otros 550 millones de personas tienen sobrepeso, dolencia para la que el porcentaje de pacientes recetados sube hasta el 7%.

Para ambas dolencias funcionan los conocidos como medicamentos GLP-1 en distintas formas. ¿Cómo? Replican y versionan una hormona natural que produce nuestro intestino cuando comemos y que actúa como reguladora clave del metabolismo de la glucosa y del apetito. Es decir, le dice al cuerpo cuándo dejar de comer y cómo gestionar el azúcar en sangre.

La molécula natural dura apenas unos minutos en el cuerpo, mientras que la que proporciona el medicamento está diseñada para durar días, con lo que se prolongan y amplifican los efectos de esta hormona.

Además de para la obesidad y la diabetes, también podrían funcionar para otras problemáticas con cifras millonarias de pacientes, como las cardiovasculares, las renales o el hígado graso. “E incluso se habla del alzhéimer”, explica Vicente Martín, analista de Cobas Asset Management.

“Es una de las principales razones por las que existe tanto entusiasmo por estos medicamentos GLP-1: los otros posibles beneficios para la salud asociados con la pérdida de peso significativa”, explica Martina Álvarez, de Janus Henderson.

El súper medicamento

Una supermedicina. El fármaco viral de nuestro tiempo y nuestra sociedad, que además interesa especialmente a los Estados, necesitados de una mejora en la salud de la población que reduzca el gasto de la atención sanitaria. Unos desembolsos ya gigantescos que el envejecimiento poblacional disparará en los próximos años.

“El gasto farmacéutico de una persona de 75 años puede ser aproximadamente del entorno de 7.000 euros, frente a los cerca de 1.000 euros de una persona joven”, comenta Martín, de Cobas. “Con estos medicamentos se intenta que las personas de 75 años puedan tener un perfil de salud similar al de una de 50 años”, añade.

La sanidad pública se ahorraría muchos miles de millones de euros, que en parte serán los que se gasten los ciudadanos afectados comprando los fármacos y los que ingresen las empresas que los elaboren. De momento, en casi su totalidad, el mercado lo dominan las dos citadas: la americana y la danesa, aunque a la partida se irán uniendo nuevos jugadores.

Pfizer, entre ellos, que busca entrar con vigor y se ha gastado 10.000 millones de dólares en la compra de la biotecnológica especializada Metsera, “cuyos productos parecen realmente buenos”, según Martín, de Cobas. Una batalla de OPAs en la que ha derrotado a la otra empresa que la pretendía, Novo Nordisk, en su annus horribilis.

Novo Nordisk vs Eli Lilly: Cuestión de eficacia

“Recordemos que esta compañía crecía a ritmos de ventas interanuales del 25% de media, incluso del 30%”, explica Miriam Fernández, de Ibercaja. “Si de ahí se pasa a una cadencia a la baja, es normal que la gente esté perdida. Ahora mismo hay muchos inversores negativos con Novo Nordisk, pero con motivo”, sentencia.Lógico que haya tenido problemas y relevos en la dirección. ¿Pero por qué este declive si era líder Primero, porque la competencia lo ha hecho mejor. “Novo Nordisk parecía el gran ganador y Eli Lilly iba detrás”. La europea arrancó primero con sus inyectables Ozempic y Wegovy, a los que replicó después la americana con sus marcas Zepbound y Mounjaro. Y los consumidores han ido viendo que estos últimos daban mejores resultados.

“No estamos hablando de grandes diferencias, pero los de Eli Lilly te ayudan a reducir el peso en el entorno del 20-22% a un año, frente al 15% aproximado de los de Novo. Y, además, con menos efectos secundarios”, según el analista de farma en Cobas.

El salto en ventas de Eli Lilly ha sido gigantesco. En el tercer trimestre de 2025, las ventas combinadas de sus dos compuestos han superado los 10.000 millones de dólares, más del doble que un año antes. Mientras que las dos marcas de Novo Nordisk se quedaron en los 7.800 millones de dólares en el periodo, con un crecimiento mucho más modesto.

Además, la danesa tiene otro problema: las patentes sobre el principio activo de estos fármacos, la semaglutida, empiezan a expirar pronto en muchos países. En 2026, de hecho, en países clave como Brasil, China, Turquía e India. Este último, gran productor de fármacos a precios extremadamente bajos, meterá presión al mercado y reducirá márgenes.

En 2026… a toda pastilla

Novo Nordisk albergaba una esperanza de recuperación con el siguiente gran superventas contra la obesidad que llegará en 2026: los GLP-1 en formato pastilla, como alternativa a las jeringuillas que se inyectan ahora. Pero también parece que no, según se van conociendo datos de efectividad.

“Todo apunta a que va a ser Lilly quien gane en el mercado oral. Reduce menos el peso que la pastilla de Novo, pero tiene dos ventajas: no hay interacción con la comida —no tienes que esperar un tiempo después para tomarla— y la producción es más sencilla de escalar”.

Aunque con el pinchazo se baja más peso que con la píldora, “los analistas esperan que estas supongan el 30% del mercado”, según Martín, de Cobas. Lo que supone una potencial lluvia de ventas para un fármaco que ahora mismo parte de cero.

Jordi Mas, de CaixaBank AM, augura “tres grupos de pacientes” que las usarán: “Los que no aceptan las inyecciones; las personas con menores necesidades de reducción de peso, para las que puede ser suficiente; y quienes las tomen para mantener la reducción de peso que han conseguido con las inyecciones”.

Para luchar contra el efecto rebote al dejar de pincharse, el paciente podría pasar “a tomar la pastilla, que es más cómoda. Eso te podría llevar a duraciones de terapia muy muy largas, potencialmente incluso crónicas”. Un maná de ingresos estables y duraderos para quien las venda. Por si fuera poco, “en diabetes, la pastilla de Lilly va a ganar incluso por más goleada a la de Novo”, según Mas, de CaixaBank AM.

Una farma en el top 10 de Wall Street

Los pronósticos favorables de Eli Lilly también con las grageas explican el impresionante rally de su acción en las últimas semanas, con el que ha conseguido un triplete de plusmarcas: rebasar los 1.000 dólares por acción por primera vez, superar el billón de dólares de capitalización y entrar en el top 10 de empresas del S&P 500 más valiosas.

Parte del empujón final se lo ha dado el anuncio en el Despacho Oval con el que empezaba este artículo. No porque fuera bueno en sí, sino porque fue menos malo de lo que se esperaba y elimina una incertidumbre.

Eli Lilly y Novo Nordisk acordaron con Trump y su secretario de Salud, Robert Kennedy Jr., reducir los precios de los GLP-1 en Estados Unidos “a cambio de cobertura por parte de los programas Medicare y Medicaid” de estos fármacos.

Un “mal buen” acuerdo…

Es decir, mucho menos margen, pero mucho más público potencial: “Abre el acceso a 120 millones de estadounidenses asegurados, creando una enorme oportunidad de crecimiento”, explica Martina Álvarez, de Janus Henderson. Un acuerdo con unas condiciones finales más aceptables para Eli, pero mucho “más dañino” para Novo, en palabras de Fernández, de Ibercaja Gestión.

Como también para los ciudadanos europeos. No solo este de Eli y Novo, sino también el resto de los pactos que ha ido firmando Trump con las farmacéuticas. Les conmina a vender los medicamentos en EE. UU. al principio a precio más favorable. Es decir, evitar que en EE. UU. se pague más que en otros países por el mismo tratamiento, como sucedía hasta ahora.

…”malo malo” para los europeos

Muchos de los acuerdos que la administración ha cerrado en las últimas semanas han ido en esa línea, además del ya comentado de los fabricantes de GLP-1. “Tanto el de Pfizer como el de AstraZeneca se han comprometido a aplicar precio más favorable en Medicaid y en los lanzamientos de nuevos productos, además de inversiones en Estados Unidos”, explica Linden Thomson, gestora sénior en Candriam.

¿Y por qué esto es malo para los europeos? “Las farmacéuticas están comunicando muy claramente que no van a seguir aceptando precios muy bajos en Europa, como ha sido toda la vida”, explica Jordi Mas, de CaixaBank AM. Por lo tanto, los países cuyos gobiernos no los acepten tienen un grave problema: se quedarán sin ellos.

Si hay que elegir, el mercado más grande del mundo manda con sus cifras mareantes… que se lo digan a Gordon Findlay. Una cuestión de peso. Y de dólares. Muchos dólares.

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